¿Un vacío político?

No se vislumbra problemas propiamente políticos a corto plazo que pudieran afectar la gobernabilidad del país a corto plazo, a no ser los que puedan derivarse de la crisis sanitaria y de las consecuencias sociales y económicas por el mal manejo de ésta.

Santo Domingo.- Los tres principales partidos políticos: PRM, PLD y FP, están inscritos en el credo democrático. Movimientos revolucionarios no se vislumbran, incluyendo los potenciales inscritos en el socialismo siglo XXI que emergen en América latina.

Tampoco hay posibilidad alguna de éxito de asonadas militares a pesar de no dejar de existir la posibilidad de ser tentados ante el alto número de militares de rango considerable envuelto en los casos de corrupción de los gobiernos del PLD.

Estos casos de corrupción se llevarán consigo al PLD como partido mayoritario y su potencial electoral sería absorbida por Leonel Fernández hasta el punto que, si este mostrara más ganas y garras de querer gobernar, pudiera llegar a constituir un polo considerable de cara a los comicios 2024.

Mientras tanto, la fuerza política dominante lo seguirá siendo el PRM, dependiendo del buen gobierno que se espera que hagan y que hasta ahora no auguran mantener la esperanza concitada con el CAMBIO. Descartamos igualmente que los otrora partidos mayoritarios – PRD y PRSC – estén en capacidad de auto recomponerse.

Por estas razones, la única amenaza política que vislumbro es la de un vacío en caso de que coincida la falta de ganas y garras de Leonel Fernández por alcanzar el poder con un mal gobierno del PRM.

Para llenarlo, tendría que producirse una especie de milagro, organizar rápidamente una alternativa partidista exitosa, lo cual no ha sido fácil en la historia reciente de nuestra nación después de ser observada a raíz del ajusticiamiento de Trujillo en 1962. Y a falta de este milagro, el vacío pudiera inspirar aventuras electorales cuyos resultados son impredecibles.

Sobre todo ante la degradación de nuestro sistema electoral, especialmente contaminado con el populismo clientelista y la infiltración de traficantes de ilegalidades, frente una JCE que desvía la atención por resolver las dificultades fundamentales que afectan el sistema.

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