Timidez y Vacilaciones en Peor momento de Pandemia

A juzgar por el número de pacientes en UCI, la pandemia se encuentra en su peor momento. El pasado martes/24 alcanzó el máximo de 357, superior a todos los valores previamente observados, incluso en las dos olas previas. Miércoles y Jueves aumentaron a 363 y 373 respectivamente. El pico en la primera ola fue de 325 y de 336 la segunda.
Ante éste empeoramiento progresivo, las autoridades han vacilado y adoptado medidas tímidas.  
(La ocupación de pacientes en UCI constituye variable representativa. Nadie quiere voluntariamente someterse a estos cuidados y las patologías preexistentes se han diferido por la pandemia.)
Las medidas adoptadas no tienen contundencia proporcional a éste peor momento. Después de muchas vacilaciones, anunciando pomposamente las que se iban a adoptar, durante dos días; éstas se limitaron a reducir ligeramente toque de queda, mas flexible que durante picos de olas precedentes, mas bajos que la presente. Y a ratificar disposiciones adoptadas en aquellas ocasiones, dejadas de cumplir y supervisarse por triunfalismos gubernamentales: Que la pandemia estaba controlada, que con vacunación volveríamos a la normalidad, etc.
Como consecuencia de este incumplimiento, aumentaron celebraciones barriales, espectáculos artísticos masivos, movilizaciones recreacionales,  marchas y otras jornadas de protestas sociales, etc.
La hipertrofiada burocracia volvió a requerir presencia y horarios.
Mascarillas dejaron de usarse y exigirse, utilizándose como accesorios faciales, incluyendo servidores y agentes encargados de obligar su uso en espacios públicos a pesar de avisos consignando obligatoriedad.
La higiene manual y toma de temperatura dejó de requerirse como requisito para ingresar en establecimientos comerciales.
El propio gobierno dio malos ejemplos organizando, promoviendo y celebrando actos y celebraciones masivas. Dejaron de hacer pruebas porque vacunaban. Programas y Protocolos de vacunación fueron tan erráticos que desincentivaron vacunación. Ante signos de rebotes, rebuscaban explicaciones que pretendían calmar recurriendo a optimismos y triunfalismos ilusos.
Este peor momento, no se puede seguir encubriendo o adornando. Se requiere mayor contundencia, coherencia y firmeza.
Diagnosticando adecuadamente causas para no adoptar soluciones equivocadas como la vuelta al cierre económico.
Evitando disposiciones cambiantes, como las que regulan el trabajo en la administración pública  
Controlando aglomeraciones, comenzando con actos oficiales para dar ejemplo; prohibiéndolas aún en casos en que pretendan justificarse en progresismos.
Obligando uso de mascarillas en espacios públicos, comenzando con el personal llamado a exigirlas.
Retomando rigurosamente protocolos diseñados por cada tipo de actividad económica, revisándolos  si fuere necesario, mediante supervisión rigurosa y  sistemática.
Estableciendo regímenes de consecuencia severos para violadores de protocolos: multas y cierre de establecimientos.
Y no desmayando, pregonando triunfalismos ni cantando victorias pírricas hasta tanto la ocupación en las UCI vuelva a niveles pre-pandémicos.

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