Renaciendo la Esperanza

El día más apropiado en gran parte del mundo cristiano para reflexionar sobre el renacimiento de las esperanzas es el que celebra el nacimiento de Jesús por haber predicado hermandad, equidad, perdón, amor y verdad.
El “nuestro” del “Padre…y…pan” conlleva hermandad y equidad en la distribución del alimento por antonomasia; reforzado por el perdón del “perdónanos…como perdonamos”.
Y por el amarnos “unos a los otros”, afianzado por su presentación como la verdad en un nuevo “Yo soy” que evoca la respuesta de Yahvé(הוה)a Moisés en Sinaí.
Internalizar lo “nuestro”, repartir el pan en una ocasión partido, perdonar para testimoniar equidad, amor y verdad, resulta imprescindible para el renacimiento de la esperanza.
En lo personal.
Y en lo colectivo, determinando procederes de autoridades para producir panes y procurar distribución equitativa en manifestación de la solidaridad consustancial al amor.
Aquí y ahora, ponderando lo internacional, traduce implicaciones en algunas áreas cruciales del quehacer público.

En la disciplina para contener expansión pandémica amenazada por indiferencias triunfalistas expresadas en aglomeraciones permitidas y/o practicadas.
En procurar una sociedad que invierta y distribuya mejor los recursos disponibles para estimular producción y trabajo, llenando “estómagos vacíos” – en lugar de la producción superflua, suntuosa o vicioso – para contener carencias y carestías desesperanzadoras.
En el manejo escrupuloso de recursos públicos aun cuando conlleven reconsideración de proyectos arrastrados históricamente pero de dudosa factibilidad como es el caso de Montegrande por su desbalance hídrico.
En evitar la repetición de la corrupción, desbocada descaradamente durante la última gestión gubernamental; cuya sanción debe culminarse sin amedrentarse-ni apasionándose-ante rebelión de diputados solidarios en la complicidad y conveniencia.
En disciplinar gastos particulares que resulten imprudentes y perjudiciales, aun cuando sean inculcados por administradores de ahorros privados, directamente o vía AFP, tras una rentabilidad sustentada en déficits públicos; a pesar del remojo en que estas últimas deben someterse por la amenazante estatización chilena de donde provino el modelo socialmente fracasado.
Superar la desesperanza para que no lleve a jóvenes a exponer su vida en aventuras migratorias organizadas por traficantes resulta imperativo.
Impone superar efectivamente los males sin autoengañarse para engañar mediante soluciones cosméticas-mediáticas.
Implica cuidar más efectivamente el medio ambiente disponiendo adecuadamente residuos y evitando agroquímicos contaminantes; apoyar contundentemente intenciones de autoridades haitianas por reencauzar su nación para así protegernos; no seguir posponiendo reformas por temores políticos.
Y nombrar funcionarios aptos, en formación y trayectoria, para funciones en lugar de encomendar funciones a compañeros ineptos; como se acaba de hacer en el Ministerio de las Juventud.
Así, renacerán esperanzas; especialmente aquellas que se hayan desvanecidos

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