Las autoridades solo hablan de impuestos cuando se refieren a reforma fiscal, lo cual es sumamente peligroso para la estabilidad política y paz social, como lo demuestran ejemplos recientes en Chile y Colombia.

Para diseñar una reforma fiscal bien concebida resulta imprescindible reformar el gasto procurando mayor calidad, con igual o mayor prioridad que reformar tributación.

Esto así porque no hay estímulo mayor para que la ciudadanía pague impuestos que un gasto comedido, escrupuloso, obedeciendo prioridades, racionalmente concebido para satisfacer necesidades vía la generación de producción y puestos de trabajo.

Las reformas que implementara Balaguer en los 90 no desataron violencia ni sonó disparo alguno a pesar del cuestionamiento a legalidad y llamado a desobediencia que formulaban Bosch y opositores.

La estructura actual del gasto lo exige. 92% de recaudaciones se consumen en partidas corrientes: burocracia, subsidios e intereses; las cargas fijas, sumadas amortizaciones, superan 3.6% recaudaciones. El gasto de capital anualizado apenas alcanzará 38% de lo presupuestado.

Se impone mejorar calidad del gasto, reduciendo burocracia, en lugar de seguirla aumentando, aplicando Ley 247-12, Orgánica de la Administración Pública y 41-08 de Función Pública; Disminuir 20% remuneraciones reduciendo semana laboral a 4 días; Sustituir subsidios al consumo, reorientándolos hacia producción, eliminando aquellos inhibidores de trabajo y/o negocios, suprimir aquellos cuya administración desvíen recursos; Renegociar deudas para reducir intereses(tasa de política monetaria es 3% pero el gobierno sigue comprando dinero al 10%); Eliminar exenciones otorgadas administrativamente; Reducir 10% compras de bienes y servicios, prohibiendo publicidad rindiendo culto de personalidad a ejecutivos y ciñéndola a servicios prestados en lugar de por prestar teórica y legalmente; Exigir que ayuntamientos y ONG gasten conforme sus leyes y a organismos descentralizados y empresas públicos planes de gastos en función de sus ingresos, so pena de perder autonomía; Cumplir art.44 de Ley Orgánica de Presupuesto, supeditando asignaciones de gastos a ingresos efectivos; Cuidar que las licitaciones de obras garanticen menor costo sin sacrificar calidad y sin permitir adendas.

Así la ciudadanía superaría temores que genera una reforma fiscal concentrada en lo tributario; garantizando preservación de paz y orden.

Para concebir bien una reforma fiscal hay que reformar el gasto

El gasto de capital anualizado apenas alcanzará 38% de lo presupuestado

Se impone mejorar la calidad del gasto, reduciendo la burocracia

Compartir