¿Quién tiene la llave para regenerarnos en 2016?

Niall Ferguson, tenido por la revista “Times”como el historiador británico más brillante de la actualidad y una de las cien personas más influyentes del mundo, sostiene, en su libro “La Gran Degeneración” que estas se producen cuando decaen instituciones, matando economías, desintegrando naciones. Considera que en occidente están decayendo instituciones como la democracia, mercado e imperio de la ley.

A juzgar por los siguientes signos, estamos sufriendo tal degeneración que hace imperativo regenerarnos, para no caer víctimas de la citada admonición:

Nuestras autoridades disponen descarada y públicamente del patrimonio público para provecho partidario y personal rifando facilidades para adquirir vehículos. Haití nos somete al chantaje comercial cual marioneta, amilanando autoridades predispuestas a la sumisión. Vivimos de operativos, tránsito p.e., para compensar negligencias en el cumplimiento de responsabilidades cotidianas. Delincuentes son reclutados como agentes de orden público (PN) para valerse de esa investidura y delinquir, parrandear y amedrentar sus pares (AMET). No hay maneras que el desayuno escolar deje de intoxicar estudiantes.

Las obras de infraestructuras no son objeto de mantenimiento convirtiéndose en recipientes de mugres toóxicas (ej:Respiraderos de presas). Nuestros campos y producción primaria (Azúcar,p.e.) menguan por la especulación fomentada por déficits estatales y decisiones corruptas, aprovechándose de ello bancos y especuladores. Hospitales (cáncer y ortopédicos) se erigen para satisfacer vanidad estética y engrosar bolsillos, sin ofrecer servicios médicos.

La seguridad social, concebida como panacea hace tres lustros, desahucia enfermos y envejecientes bajo el mutismo sindical. Nuestra bandera, desgastada y deshilachada, ni siquiera se enhiesta con la puntualidad y ceremonial adecuado.

Todo por decadencia de nuestras instituciones. Nuestra democracia, limitada a libertades públicas y ejercicio periódico del sufragio a través de partidos connivenciados, carece de mecanismos para ejercer plenamente derechos ciudadanos.

La economía de mercado, imprescindible para competir y beneficiar consumidores en calidad y precios, es violada desde un Estado que los fija y establece cómodas ganancias empresariales en renglones clave: combustibles, electricidad, etc. Nos damos leyes teorizantes que pasan a ser: “regulaciones… complejas….convertidas en…enfermedad de la que pretende ser la cura”, según advierte Ferguson.

Encarar la decadencia de esas instituciones – democracia, economía de mercado e imperio de la ley – constituye, en nuestro caso, un imperativo para que no perezca nuestra economía ni nos degrademos, hasta desintegrarnos, como nación.

Los dominicanos tenemos la oportunidad deregenerarnos en la próxima contienda electoral cuando debatirán tres opciones que enfrentan la continuación del PLD- Convergencia, Alianza País y Polo Soberano –potencialmente integrables en un Frente Opositor que debe precipitarla quien tenga llave para ello, aun cuando no ostente candidatura alguna, como sucedió en la segunda vuelta 1996.

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