Preparación ante contingencias socio-institucionales

Varios escenarios pueden hacer surgir contingencias amenazantes de nuestra precaria institucionalidad, demandando la preparación de instancias necesarias para asumir roles de concertación en circunstancias que las tradicionales han perdido vocación y capacidad para prevenir y superar crisis.
Las complejidades de las próximas elecciones y la confesión de Danilo de no creer en encuestas, exhortando trabajar como si no las encabezara, pudieran provocar bellaquerías en seguidores que cifraban su triunfo en su ya desvanecida alta popularidad.

Los escándalos en nuestro sistema de justicia, desde la deliberada y deficiente preparación de expedientes en PN y fiscalías hasta transacciones en sentencias que envuelven cabezas del poder judicial, están excusando la eventual convocaría del CNM que, dentro del revanchismo peledeísta predominante, pudiera culminar en conflicto de poderes.

La corrupción, estigmatizada en OISOE, la indiferente e irracional reacción de autoridades ante protestas exigiendo cumplimiento de leyes, ya ha generado violencia. Las declaraciones sobre corrupción del embajador norteamericano y sus posibles incidencias en financiamientos de programas como “solidaridad”, concebido como paliativo ante urgencias sociales, aumentarían déficits multiplicadores de protestas.

La inseguridad ciudadana, acentuada por tráficos de ilegalidades frente al Estado incapaz y cómplice para enfrentarlos, germina violencia; abonada por “ausencia de políticas” advertida en reciente comunicado del FMI sobre nuestra economía caracterizada por estancamiento del desempleo y retroceso en la redistribución de riquezas.

Causa inconformidades el irrespeto de someter presupuesto complementario 2015 cuando el año termina; el fracaso de políticas sociales evidenciado por mayor inflación que el promedio en educación, alimentación y salud, sectores que el gobierno pregona programas reivindicadores: “revolución educativa”, “transformación del campo” mediante visitas sorpresas y ostentosas remodelaciones hospitalarias; el fracaso de operativos ante situaciones críticas como eliminación de criaderos de mosquitos y tránsito; la venta de ilusiones en el problema eléctrico -“solución definitiva” y “energía limpia”- manteniendo precios de venta elevados, generando barato; el desorden demoterritorial aumentando presiones ambientales y en servicios ya precarios; tolerancia en presión migratoria haitiana fomentada por potencias que exigen soluciones para liberarse de ella.

Ante la eventual detonación en estos escenarios, no existen instancias de concertación que la promuevan: Gremios profesionales se han convertido en nichos tomadoras de pulso de fuerzas políticas; Jerarcas eclesiásticos, involucrándose activamente en los conflictos, se auto-inhabilitan para mediar consensos; empresarios dosifican su responsabilidad social atemorizados por un gobierno capaz de mover hilos a su alcance contra sus intereses; trabajadores claudican ante mieles del poder recibidas vía organismos tripartidos concebidos para tomar decisiones de interés general; organizaciones ciudadanas terminan como apéndices de partidos y poderes.

La prudencia exige procurar fórmulas para encarar presentaciones de contingencias, al cumplirse uno o varios de los escenarios dibujados.

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