Oposición necesita “un millón de amigos” adicionales

 

Para la oposición desplazar al gobierno necesitaría, emulando la canción del millón de amigos de Roberto Carlos, un millón de votos adicionales a los obtenidos previamente; no solo para ganar elecciones en primera vuelta, sino para “así más fuerte poder cantar…/y/…llevar el barco por rumbo norte”.

Para 2020 la JCE estima 7.6 millones de electores. Con una abstención del 30% votarían unos 5.3 millones de personas. Para un candidato ganar en primera vuelta necesita2.7 millones de votos que fueron los que, según Wikipedia, alcanzó el bloque de partidos postulante de Danilo Medina.

El grupo de partidos que postuló al candidato opositor, según dicha fuente, obtuvo 1.7 millones. La diferencia entre ambos fue de un millón de votos.

De allí inferimos que para ganarle al bloque de partidos PLDista/progubernamental, se necesitaría que el candidato opositor incorpore “un millón de amigos” adicionales a votos obtenidos en 2016; tarea que solo puede lograrse con un cambio de visión, concepciones, actitudes y procederes de opositores.

Necesitamos una oposición que evidencie internalizar la grave situación que vivimos y sus consecuencias futuras, especialmente las encubiertas por el anestesiamiento gubernamental; que concientice debidamente la ciudadanía.

Que estructure discurso y agendas sintonizadas con urgencias, calamidades y desesperanzas ciudadanas provocadas por la inseguridad, falta de oportunidades de trabajos dignos, ingresos insuficientes para el costo de la vida, precariedades de servicios públicos, indisciplina fiscal y financiera, tráficos ilegales de personas, sustancias y dinero, desorden y descontrol institucional, territorial y ambiental, etc.

Una oposición que marque diferencia con el gobernar presente; que formule propuestas factibles y sostenibles al proceder actual en temas fundamentales como desempleo y combate de la pobreza, centrados en soluciones vulnerables e insostenibles como la hipertrofia burocrática y subsidios improductivos.

Una oposición que postule soluciones factibles y demuestre disponibilidad de equipos humanos para implementarlos; desprovista de egocentrismos, mezquindades y mediocridades que espantan buenas voluntades y talentos; con vocación corporativa y espíritu de cuerpo en sintonía con las exigencias contemporáneas de pluralidad y pactos, contrarios al absolutismo y prepotencia partidarias.

Una oposición con determinación. Con deseos de, y proyecte, capacidad de gobernar; que convenza a la ciudadanía que no habrá salto al vacío; que venza las naturales aprehensiones que todo cambio genera.

Una oposición inscrita en una concepción adecuada del deber ser del Estado: rector del Bien Común, orientador de la economía particular para que produzca riquezas; y sustituya al Estado succionador, vía sus funcionarios, de iniciativas, empresas y recursos, que disponemos hoy.

Solo una oposición así podría adherir el millón de amigos que necesita para poder redirigir la nave del Estado por rumbo adecuado.

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