¡Oh Patria Mía!..ante tantos perjurios

Recibimos nuestras fiestas patrias en medio de dos juramentos perjurados: trinitario y constitucional para el Presidente de la República. Del trinitario: “implantar una república libre y soberana e independiente de toda dominación extranjera”. De la Presidencia, lo consignado constitucionalmente (Art127): “proteger y defender su independencia…..respetar… derechos…ciudadanos…y cumplir fielmente los deberes de mi cargo”.

Esos derechos están consignados en la propia Constitución. Doce civiles y políticos (art.37 al 49):a la vida, dignidad humana, igualdad, seguridad, integridad, libre desarrollo, intimidad y honor, conciencia y culto, transito, asociación, reunión, expresión e información. Trece económicos (art.50 al 63): libertad de empresa, propiedad-intelectual incluida-consumidor, seguridad alimentaria, de familia, protección a menores, envejecientes y discapacitados, vivienda, seguridad social, salud, trabajado, educación. Los arts. 64 y 65 reconocen derechos a cultura y deportes.

Todo pues está previsto y nada falta, salvo cumplirlo, como consigna el juramento presidencial, “fielmente los deberes” a su cargo.

Por ejemplo: Parte de esos deberes constituyen “Velar por la buena recaudación y fiel inversión de las rentas nacionales” (art.128.2.e); incumplido, puesto que las recaudaciones no son buenas como lo demuestra el alto grado de evasión por la informalidad consecuente de políticas y procederes gubernamentales. Ni tampoco se está cumpliendo la fidelidad en inversiones de las rentas hoy caracterizadas por gasto concentrado en burocracia, subsidios y deudas así como asignaciones de baja calidad en cuanto al que, como, cuando y donde invertir. Y su dudosa idoneidad por la evidente corrupción ya admitida.

Como resultado, la fiscalidad deficitaria se equilibra con endeudamientos que condicionan decisiones mermando nuestra independencia y soberanía consignada en juramentos trinitario y constitucional.

Tampoco se están cumpliendo los derechos ambientales previstos en el art.67: “prevenir la contaminación, proteger y mantener el medio ambiente…desarrollo y preservación del paisaje y de la naturaleza”. Prohíbe la introducción de desechos to´xicos y peligrosos…y manda que “En los contratos que el Estado celebre o en los permisos que se otorguen…se considerará incluida la obligacio´n de conservar el equilibrio ecológico…restablecer el ambiente a su estado natural, si este resulta alterado”. Y la obligación de los poderes públicos para imponer “sanciones legales…por dan~os causados al medio ambiente y a los recursos naturales y exigirán su reparacio´n”.

Nada de eso se ha observado desde Punta Catalina hasta las últimas explosiones e irrupciones como la reciente ruptura de la tubería de agua afectando a 3 millones de capitaleños por parte de una empresa etérea.

Ante estos perjuros hacemos nuestro el lamento de Aida, princesa etíope capturada y esclavizada por egipcios, magistralmente musicalizados en la ópera de Verdi:

¡Oh patria mía…de “cielos azules…suaves brisas nativas, donde brilló serena mi juventud…Verdes colinas…orillas perfumadas..Frescos Valles…

¿Nunca volveré a verte?”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *