No se pueden ocultar votos inseguros debajo de piedras

En la reciente convención del PRD, la más corta y desabrida de todas celebradas por éste partido, evidenciada por asistentes que ni siquiera conocían el himno que cantaban con simulación – sus movimientos bucales no compaginaban con las letras- el Presidente Medina admitió verbalmente, con consecuente lenguaje corporal y gestual, que “no hay voto seguro”.
Días antes, había formulado un llamado a sus seguidores a buscar votos “debajo de las piedras”.
Tal pareciera que el candidato Medina considera que los votos inseguros se pueden esconder debajo de las piedras, cuando experiencias pasadas enseñan que votos escondidos siempre favorecen opositores: rábanos (1978) y berenjenas (2000).
Con su llamado a buscar votos inseguros debajo de las piedras, el candidato Medina demuestra que los seguros – a flor de tierra, a la vista de todos – no le están bastando para ganar las elecciones.
Y esto, no se puede ocultar, a juzgar por el desplome de su creída supuesta popularidad como consecuencia de insatisfacciones y preocupaciones, padecimientos y constreñimientos, que su gobierno ha provocado.
Padecemos insatisfacción de necesidades fundamentales de alimentación, salud, educación y viviendas; falta de oportunidades de trabajo digno, con remuneración adecuada; inseguridades, tanto la ciudadana por azote delincuencial como por falta del cumplimiento de normativas en instalaciones y establecimientos industriales, comerciales y transporte; precariedades en servicios públicos de agua, desagüe pluviales y drenaje sanitario, transporte y energía.
Todo ello como consecuencia de políticas públicas y descomposición político-moral determinantes de un ejercicio gubernamental ausente de vocación para servir, concebida para servirse con la cuchara grande de la corrupción e impunidad.
Por estas razones se han incurrido en gastos expansivos carentes de prioridad y calidad determinando una fiscalidad deficitaria al consumirse recaudaciones en cargas fijas, conduciendo a elevados déficits que imposibilitan al Estado prestar servicios públicos apoyando la producción y satisfaciendo necesidades en campos y barrios; marcando señales especulativas al mercado financiero por los altas intereses pagados por el Estado para succionar recursos privados financiadores de sus déficits, originando una economía rentista y endeudada, incrementando nuestra dependencia y estancando nuestra producción primaria de bienes y servicios generándose otro gran déficits: el de balanza de pagos.

Tampoco se puede ocultar, como ramificación de estas políticas, mayor concentración de riqueza, incumplimientos y negligencias de funciones que llega a expresarse en descuidos administrativos provocadores de desórdenes expresados territorial y ambientalmente.

En vista que ni los votos inseguros que se puedan ocultar debajo de piedras serán pro gobiernistas, admitiendo el candidato Medina que los seguros no garantizan triunfo, el triunfo opositor se percibe cada vez más cercano.

Esa percepción, no se puede ocultar.

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