Lecciones al cierre del presente ciclo político

Más allá de analizar superficialmente resultados, las pasadas elecciones cierran un ciclo, al tenor del pensamiento del historiador Campillo Perez, autor de “El Grillo y el Ruiseñor“, dejando tremendas lecciones.

Sostenía Campillo que nuestra política vernácula se caracteriza por ciclos girando alrededor de liderazgos asociados a discursos ruidosos como chillidos de grillos vs. el canto melodioso de ruiseñores.

Las pasadas elecciones desmitificaron paradigmas. Arrojaron lecciones que no debieran olvidarse para sostener y perfeccionar nuestra democracia sustentada en un partidismo depurado.
Demostraron que nada, a pesar de los ruidosos chillidos de una pandemia, puede detener voluntades ciudadanas cuando asumen propósitos firmes. No valieron intentos por boicotearlas, advertencia de despidos y suspensión de subsidios, etc.

Liberaron la nación de la pretenciosa dictadura de partido que venía forjándose al amparo de cantos de ruiseñores durante 16 años de gobiernos PLDistas, sustentados en políticas estatizantes y sociopopulistas inspiradas en las propiciadas por Chávez con su socialismo siglo XXI desde la entonces rica Venezuela. La frase que el PLD era una “fábrica de presidentes” con pronósticos hacia 2044, quedó enterrada.

La pretensión de perpetuidad en democracia quedó sepultada.
Demostraron que el clientelismo no garantiza lealtades. La pérdida de casi un millón de votos PLDistas vía abstención, lo demuestra. Los clientes no concurrieron a votar como no votaron en las municipales.

Rechazaron los chillidos de sus grillos. Predominaron, para concurrir y depositar sufragio, preocupaciones generales-inseguridad, falta de bienes y servicios para satisfacer necesidades y empleo de calidad, hastío y repudio-frente a “chelitos” recibidos por burócratas y subsidiados acusados del dicho chino: “morder la mano a quien le daba de comer”

Ratificaron aquella admonición de Balaguer sobre la gloria política:“la mas deleznable de las glorias humanas”. Figuras emblemáticas del PLDismo ya comienzan a sufrir la descompresión del poder.

Después del presidente actual asumir el poder sin partido, congreso y gobierno –como se decía en 2012- lográndolo posteriormente todo; terminará sin el Senado con el que se conformaba.
Demostraron el error de perpetuar correlación de fuerzas políticas presentes. ¡Cuántos políticos y politólogos sostuvieron que al PLD “no le ganaba nadie”! atribuyéndoles fortalezas–organización, mística, disciplina y recursos- solo existentes al amparo de recursos públicos.

Las pasadas elecciones nos dejaron tareas partidarias: recomponer el debilitado sistema. Veinte partidos perdieron personalidad. Dos tradicionales (PRD y PRSC) se excluyeron del financiamiento estatal. PLD terminó dividido y sin autoridad moral para ejercer oposición requerida para bien gobernar. PRM tendrá que concentrarse en superar crisis sanitaria y económica de la que dependerá su futuro.

Aquella admonición de Balaguer-“nuestra democracia es mejor con un reformismo fuerte”-debiera estimular cantos de ruiseñores responsablemente reformadores.

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