Imperio de la Ley y las “L” guardianes y garantes

Chen Guangcheng, abogado, activista derechos humanos, disidente chino, considerado en 2006 por Times dentro del centenar más influyentes del mundo, diferenciaba entre disponer leyes y someterse al “imperio de la ley”. Es nuestro caso. Disponemos de Constitución y Leyes sublimizadas, “de tercera generación”, a las que no nos sometemos; demandándose guardianes y garantes cuyos nombres, en nuestra política vernácula, se escriben con “L”.

Ya el introductor de la “L” subrogó estos roles el 25/05/15 para lo cual tendrá que despojarse de ataduras que se lo impiden, so pena que recaigan exclusivamente sobre la “L” de Luis.

Nuestra Constitución establece el derecho a igualdad civil y política consignándose el deber estatal de “promover… condiciones jurídicas y administrativas para que… sea real y efectiva” (Art. 39.3), “asignación equitativa” del gasto (Art. 238.4), prohibición de manejar “fondos… tendentes a incrementar… beneficios… a incumbentes” (art. 140), obligación presidencial (128.2.e) de “velar por… fiel inversión de las rentas nacionales”, “… fortalecimiento de la calidad de la democracia… respeto al patrimonio público y… ejercicio transparente de la función pública (Art.75.12).

Atribuye a la JCE “velar porque los procesos electorales se realicen con… equidad en… las campañas y transparencia en… utilización del financiamiento… así como… acceso equitativo a los medios de comunicación” (Art. 212.IV).

A contrapelo de estos mandamientos, dirigentes pro gobiernistas rifan “facilidades” para vehículos, funcionarios de educación cultivan culto paternalista a correligionarios candidatos regalando mochilas a niños, tasadores denuncian ventas de propiedades a precios viles, aplican publicidad engañosa valiéndose de canales oficiales e intervenidos y comunicadores financiados con dinero público.

De las contribuciones del Estado a partidos, los reeleccionistas manejarían el 90%.
Someter la nación al imperio de la ley, de la Constitución, resulta imperativo para nuestro liderazgo investible de estos roles.

Afortunadamente ya el arquitecto de la “L” se proclamó guardián y garante. Siguiendo el proceder de su líder y mentor, no cabe duda que cumplirá su palabra. Bosch supo despojarse de ataduras obstaculizadoras. Fue practicante de evolución y dialéctica tal y como nos lo enrostró en los 80 mientras nos distanciábamos de praxis social cristianas.

Inscrito en la “izquierda democrática” transitó hacia la “dictadura con apoyo popular”. Supo distanciarse de otros exiliados anti-trujillistas en aventuras expedicionarias y corresponsabilidades partidarias que consideraba impertinentes. Desprendió el PLD del PRD argumentando que había dejado de ser el partido servidor y disciplinado que necesitábamos.

Hoy es sobre el PLD que recaen diagnósticos similares consecuencias de masificación y ejercicio gubernamental sustentados en canonjías y privilegios.

Pero si el arquitecto de la “L” no llegara a internalizar debidamente la dinámica que sufren las organizaciones -nacen, crecen, evolucionan y hasta mueren –sobre la “L” de Luis recaería responsabilidad exclusiva de someternos al imperio de la Ley.

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