Hábitos políticos que no hacen monjes económicos

Mientras el FMI, en su comunicado reciente, advierte “posibles shocks” y “necesidad de un ajuste”, políticos dominicanos mantienen hábitos livianos que no proyectan su capacidad de encarar gravedades económicas advertidas. Esa liviandad lleva a recordar expresiones de la sabiduría popular como aquella de que el “hábito no hace al monje”, alusivas a que para cumplir debidamente responsabilidades sociales, y exitosamente roles político, no basta aparentar sino ser.

Políticos dominicanos suelen recurrir a palabras y expresiones retóricas y huecas, no correspondidas por comportamientos testimoniantes. Olvidan enseñanzas del maestro galileo: “No todo el que dice señor…entrará en el reino de los cielos” y “que nadie corta tela de vestido nuevo para arreglar vestido viejo”.

Ciertamente la masificación de sociedades contemporáneas y el condicionamiento mediante la percepción por la propaganda mediática magnificada por avances tecnológicos informáticos, conduce al predominio de las exterioridades.

Influyen también la dispersión del liderazgo consecuente con la descomposición y mediocridad que sufrimos y la auto-sobreestimación personal y subestimación social.

Ejemplos abundan de políticos que para cubrir apariencias, mejorar su imagen y compensar sus debilidades en términos de simpatías y popularidad, recurren a exterioridades revestidas de hipocresías. Pretenden proyectar modernidad vistiendo al último grito de la moda cuando sus hábitos están marcados por antecedentes imborrables. Recurren a discursos escatológicos para sustentar absurdos utilizando collarines ministeriales. Imponen o rechazan decisiones argumentando religiosidad impropia para los excesos que cometen.

Otros pretenden lavar sus pretensiones y sectarismos recurriendo a discursos unitarios. No retenemos cuantas “terceras vías” se están diseñando, cuantos bloques de partidos y convocatorias a coaliciones están cursando. Pronto habrá que convocar federación de bloques o confederación de coaliciones.

Mientras políticos se entretienen y retozan con la vanidad de vanidades caracterizadas por exterioridades -hábitos y discursos- la realidad sigue amenazando imponerse. No disponemos un buen gobierno inspirado en su misión esencial-procurar el Bien Común-ni una buena oposición para forzar al buen gobierno.

Políticos gubernamentales como opositores deberían centrar sus actuaciones y discursos encarándolas advertencias Fondomonetaristas y convertirlas en agenda para adoptar correctivos sobre “la posición externa…financiada por la inversión extranjera”, para identificar “posibles shocks”, apuntalar “crecimiento…y …resultados sociales”, corregir que “la deuda…aumenta a pesar del…crecimiento” precisar significado de “ampliar la base impositiva” dentro del ajuste; y otros temas como:“reducir carga del sector eléctrico” “limitar riesgos fiscales” “mayor productividad…inclusión social…mejorar clima de negocios, eliminar barreras al comercio e inversión” “ineficiencias en los mercados de productos y del trabajo”.

Mientras al gobierno le rechinan estas advertencias anestesiándonos con crecimientos del PBI de US$26,000 millones en sus 7 años, en circunstancias que la deuda creció US$22,000 millones; la oposición sigue priorizando en hábitos que no hacen monjes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *