Gobiernos también pierden, aunque gasten mucho

Se ha pretendido hacer creer que grupos gobernantes que procuran continuar no pueden perder elecciones, argumentando, principalmente, uso de recursos públicos. Ejemplo: un senador acaba de declarar que Danilo ganará con 60% en su provincia porque ha invertido RD$14,000MM (página 8E http://hoy.com.do/viernes-de-marzo2016/). Quienes así piensan ignoran experiencias de medio siglo ininterrumpido de elecciones dominicanas.
Recordemos siete experiencias en que el grupo gobernante no ha retenido el poder.
En 1962, gobernaba el Consejo de Estado aupado por Unión Cívica. Su presidente, Viriato Fiallo, fue candidato presidencial. Perdió frente a Bosch enarbolando consiga “Vergüenza contra Dinero”.
En 1966 las elecciones fueron organizadas por el gobierno provisional más identificado con el movimiento constitucionalista que procuraba el restablecimiento de Bosch. Este perdió de Balaguer.
En 1978 Balaguer intentaba reelegirse contando con todos los recursos del Estado, militares incluidos. Perdió frente al Acuerdo de Santo Domingo.
En 1986 el PRD no pudo retener el poder frente a Balaguer a pesar de haber suscrito el Pacto La Unión entre Jorge Blanco, Majluta y Peña Gómez.
En 2000, el PLD no lo retuvo a pesar de postular a Danilo, entonces Secretario de la Presidencia.
En 2004, Hipólito Mejía perdió mientras procuraba la reelección.
En 2012, Leonel Fernández, siendo Presidente, refirió al PLD la modificación constitucional para permitir su repostulación. Perdió. Luego su esposa compitió por la nominación presidencial, perdiendo también.
Descartando las elecciones de 1994 y 1996 por atípicas dentro de pactos y reformas concertadas, y 2012 cuyos resultados están por verse; en cinco ocasiones (1970,1974,1982,1990 y 2008) gobernantes han retenido el poder.
En resumen: Más veces el grupo gobernante ha perdido que retenido el poder.
Basándonos en esta experiencia, contrariamente a lo que se quiere hacer creer, las probabilidades que el PLD retenga el poder son menores que las de mantenerlo.
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Con relación al uso de recursos públicos, su grosera agresión derrochadora hiere e irrita la sensibilidad ciudadana, lo cual es potencialmente reversible contra del Gobierno a través del voto.
Por supuesto, no se trata de gastos que abaraten comida, mejoren calidad educativa, provean medicamentos, equipos e instrumentales de salud, reduzcan taponamientos, disminuyan apagones y costos de electricidad, etc., sino pagos por jeepetas, espectáculos musicales con bebidas alcohólicas exquisitas durante actividades, exhibiciones corporales, etc.
Es responsabilidad opositora combatir por ética y apego legal el derroche gubernamental. Pero si gobernantes no obtemperan, aprovechar la irritación ciudadana: evidenciando, concientizando, que esos gastos provocarán efectos adversos. Comparándolo incluso con descomposición estomacal originada por ingestión excesiva de comida. Estrujándole al Gobierno, en su cara, sus groserías. E intimidarlo, haciéndole ver que aunque gaste mucho tendrán como resultado indigestar electores.

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