Orlando Sánchez-Díaz, combatiente histórico del revolucionarismo dominicano, responsable de enfrentar fiebre porcina durante administración PRDista(1978), lamentaba, en panel organizado por REVISTA 110, haber trasmitido preocupaciones sobre penetración de esta peste que fueron desoídas.
(En dicho panel mencionaron de residuos alimenticios que barcos depositaban en el norte y eran transportados al Sur para disponerlos sin cumplir normativas correspondientes)

Las consecuencias están siendo desastrosas para la economía nacional y popular: colapsa alcancía del pobre, 20,000 productores afectados, inversiones superiores a RD$ 25,000 millones amenazadas (ver htps://hoy.com.do/fiebre-porcina-y-su-impacto-en-la-economia-nacional/).

Orlando Sánchez-Díaz fue reconocido por el FEDA el pasado 23 de abril como combatiente revolucionario y de fiebre porcina en un acto revestido de flores y canciones, por lo que no nos explicamos cómo pudo ser desoída su advertencia.

Parecería que prima en el funcionariado una tendencia a escucharse a sí mismos y/o a sus pares, procurando reafirmarse en auto-enorgullecimientos y vanaglorias en demasía.
Olvidan que desde monarquías medievales hasta la contemporaneidad, los buenos gobernantes se han alimentado del pálpito popular.

Monarcas llegaron a disfrazarse de “plebeyos”, o sus cortesanos lo hacían, para escuchar o ver opinión de súbitos. De ahí nacieron veedores y oidores de hoy.

La corona española instituyó formalmente la audición consultiva en la Real Audiencia.
Angela Merkel, estadista paradigmática de prolongada gestión democrática exitosa, sostenía que es mas importante ponderar lo que piensan gobernados sobre acciones de gobernantes que lo que estos piensan de ellas. Afirmaba que “un buen político siempre tiene dudas y revisa permanentemente sus respuestas.

Balaguer, presidente por antonomasia de longevidad gubernamental, ridiculizaba opositores proclives al discurso narcisista espetándole que “democracia es mas oír que hablar”.
Maquiavelo afirmaba que: “la multitud es más sabia que el Príncipe.

Nuestra democracia, caminando permanentemente sobre arenas movedizas, requiere de ejercicios gubernamentales que la haga progresivamente más sostenible y perfectible.

Requiérese escuchar y oír, en lugar de desoír. Ponderar advertencias y sugerencias en lugar de rechazarlas a priori, guiándose por cierta especie de absolutismo y autosuficiencia.

Procurar, por vía de consecuencia, coherencia entre lo que se predica y practica: p.e: cumpliendo lo anunciado sobre austeridad para detener enorme crecimiento del 51% del gasto corriente promedio diario (2021 c.r.2020).

Cumplir promesas de obras anunciadas en circunstancias que inversiones públicas se desploman 54%, apuntando a cumplir solo 43% de lo presupuestado para 2021.

Requiérese admitir omisiones y errores, para adoptar correctivos satisfactorios a situaciones perjudiciales.
De haberse oído advertencias sobre fiebre porcina, mantendríamos alcancía del pobre, conservaríamos empleos, seguiríamos consumiendo nuestra carne de cerdo, nuestras exportaciones, salami p.e., no estuvieran amenazadas.
Sería el regalo mejor en aniversario gubernamental, que estas y otras preocupaciones advertidas no sean desoídas.

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