Del papa Francisco a la JCE

En llamado en víspera del Pentecostés/2019, el Papa exhortó: “Abran sus ojos…oídos…corazón» para escuchar el «grito oculto de la gente»; aplicable, mayormente, por admonición evangélica de mayor exigencia a quien más poder tenga [Luc. 12:48]autoridades.
Esa exhortación le cabe a la JCE en la sub-crisis que provocó con su obsesión de aplicar voto automatizado en elecciones municipales pasadas, devenible en crisis electoral y política, responsabilizándose de trastornarla democracia ininterrumpida que hemos tenido, con imperfecciones, durante más de medio siglo.
Obviando si esa, su crisis, se originó en negligencias e ineficacias gerenciales-administrativas de una JCE auto-sobrestimada, creída autosuficiente o de una trampa que salió mal, intentada a sabiendas y aprovechándose de lo primero; una forma de superarla es hacernos de cuenta que las nuevas elecciones municipales convocadas será una segunda vuelta como exigen las presidenciales cuando carecen de legitimidad cuantificada constitucionalmente en 50%+1.
Por eso hay que concurrir masivamente a esas elecciones para lo cual observamos actitudes ciudadanas favorables.
Pero la JCE debe corresponder esas actitudes asumiendo previsiones gerenciales y administrativas que no adoptaron en las pasadas primarias partidarias y municipales; descartar ese dechado de perfecciones que sus funcionarios se creen y destilan en declaraciones; abandonar comportamientos desafiantes ante exigencias ciudadanas y sustentar credibilidad no en añoranzas pasadas, que no vienen a cuentas, sino testimoniarlas con actuaciones presentes.
Debe disipar reclamos de renuncia con decisiones, no con perogrulladas; escuchar jóvenes que protestan justamente por defender lo legalmente establecido; evitar provocaciones violentas que generan presencia de agentes nerviosos; ponderar humildemente reclamos de interlocutores partidarios sin desestimarlos como desestimaron pasados.
Debe reglamentar mejor uso de recursos públicos y espacios de comunicación para garantizar equidad consagrada constitucionalmente; sancionar violaciones, incluso al gobierno, no solo objetarlas; reforzarse con instancias internacionales pero sobretodo abrirse para escuchar ese “grito oculto de la gente”.
La exhortación papal también le cabe al gobierno. Debe entender que no le conviene seguir teniendo fracasos que proyectan temores de salir del poder. Fracasó intentando modificar constitución para repostularse y/o para rehabilitarse posteriormente; al mantener su partido unido después de primarias; al inventar varios, e imponer uno, candidatos que no concitan entusiasmo. Y al aprovechar deficiencias de la JCE para orquestar reperperos reversibles en su contra como atribuir sabotaje a la oposición llamada a ganar según encuestas y acusar chapuceramente a quienes denunciaron irregularidades.
La JCE debe reglamentar mejor las próximas elecciones: Que sean más civilizadas incluyendo exigir a partidos campañas menos entorpercedoras, bulliciosas, costosas y depredadoras. Más sustancial en agendas y capacidades para resolver problemas.

De desestimar la JCE esta exhortación papal, se haría responsable de nuestro colapso democrático.

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