De crisis y otros demonios

Muchos temen dificultades económicas en razón de la cultura deficitaria y de endeudamientos sembrada por los gobiernos del PLD en medio de una campaña electoral en la que el Presidente Medina ha dicho que tiene recursos suficientes para sus candidatos, declaración que sugiere condescendencia ante grandes contribuyentes y desborde de gastos, incluso en conceptos repugnantes que degradan nuestra democracia como la compra de votos cada vez más institucionalizada; incrementando déficits y endeudamientos por encima de los ya elevados presupuestados.
Pero estas dificultades no detonarán crisis a menos que se presenten contingencias previas de orden político-electoral y/o que financiadores resistan financiar aproximadamente US$3000 millones requeridos en el presupuesto 2020, principalmente mediante bonos soberanos.
Por eso, aunque por razones económicamente endógenas no es previsible, cómo estas contingencias son posibles, pudiera presentarse una crisis, hasta endemoniada, si:
1) Se agudizan conflictos políticos-electorales. Observamos tortuosos procedimientos diseñados y complicados expedientes en candidaturas, dirimibles mediante excesiva judicialización así como desatinos reglamentarios de la JCE que, yéndose por las ramas, no aborda soluciones contundentes a temas neurálgicos como compra de votos y uso de recursos públicos; lo cual no acrecienta la confianza necesaria para proporcionarle credibilidad a los comicios. Persisten aprehensiones sobre que hará PLD para revertir impacto negativo de división y candidatura empantanada, incluso sospechas, tras el decreto 19-20, convocando a sesionar extraordinariamente las cámaras legislativas; pues en su parte “in fine” consigna conocer “cualquier otro proyecto de ley que sea introducido” interpretable como que el gobierno pueda reabrir, tozudamente, pretensiones rehabilitadoras de Danilo Medina asociándolo a reunificación de elecciones; agravando el proceso, quien sabe con qué propósito, argumentando problemas de cánones y plazos presentados.
2) Se materializan las reiteradas aprehensiones del FMI sobre condiciones más restrictivas en financiamientos externos al incrementarse la proporción deuda/PBI hasta por encima del 50% llevándose consigo una proporción similar de las recaudaciones, disminuyendo nuestra capacidad de repago. Y por mayores conflictos internacionales-comerciales, migratorios, ambientales, etc-retumbando en tambores de guerra que pudieran convertir la economía de relativa paz vigente en economía de guerra; succionando consigo recursos financieros potencialmente avenibles al país para reorientarlo hacia renglones bélicos.
Más aún ante la circunstancia de un gobierno saliente recibiendo financiamientos que tendría que pagar otro entrante; lo cual puede tentar manejos irresponsables de recursos proporcionados por financiadores internacionales que deberían actuar corresponsablemente, evitando riesgos de operaciones impagables.
Abrigamos la esperanza de que ninguna de estas contingencias se presente. Pero el ejercicio previsor de responsabilidades públicas, exige ponderarlas.

Porque en el caso que se presentaren una de ambas contingencias, no solo se desataría una crisis, sino demonios que pudieran poner en peligroso riesgo nuestra ya empeorada democracia.

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