Condiciones electorales para mejorar caminos

Encuestas evidencian percepción que vamos por mal camino. El pesimismo invade ciudadanía y domina conversaciones cotidianas. No se entiende cómo gobernantes que priorizan administrar por percepciones, evidenciado por excesivos gastos publicitarios condicionantes, se aferran a políticas determinantes de caminos golpeadores de estómagos y bolsillos.

Políticas, además, ineficaces, por sus magros resultados que avalan malas percepciones. Importamos más de lo que antes exportábamos. El desempleo es más informal que formal.

El componente de salud de la seguridad social ha colapsado y su vertiente financiera constituye una espada de Damocles sobre nuestro sistema fiscal, financiero y económico. El control sanitario es prácticamente inexistente evidenciado por cirugías que causan muertes e incremento de dengue y malaria transmitidos por mosquitos.

El propio Ministerio de Educación acaba de admitir fracaso de enseñanza pública a pesar de disponer 4%/PBI: Uno de cada siete estudiantes de sexto grado tuvo desempeño satisfactorio, uno de cada 20 en matemáticas. Enseñanza pública es 10% peor que privada. La tanda extendida no hace diferencia de otras tandas. Alrededor del 5% de maestros tiene calificación excelente. La violencia, perversión y libertinaje sexual e irrespeto a profesores, predominan en escuelas.

Apagones siguen frecuentes después de Punta Catalina, proyecto insignia del gobierno. Parece que cuando entra, saca otras plantas.

Taponamientos siguen causando pérdidas de tiempo, recursos y creando ansiedades restringidoras de actividades ciudadanas; a pesar de trenes, teleféricos, túneles y elevados.

La piedra angular de estas políticas de mal camino es la fiscalidad. Déficits persisten, por gastos elevados y tributaciones complejas, financiados con endeudamientos que no siempre se dispondrán; haciéndose más restringidos, caros y condicionantes. Posponer disciplinar fiscalidad hará más costosos y dolorosos ajustes económicos, pudiendo alterar democracia y paz social.

Rectificar políticas actuales, ineficaces, requerirá políticos que puedan reencauzarnos por mejor camino. Hacerlo en democracia, es más desafiante por exigir elecciones libres, transparentes y equitativas organizadas por una JCE confiable, sin confrontaciones ni disensiones.

Tenemos la oportunidad en los próximos comicios de trasmutar políticas y políticos, procurar una democracia más eficaz y eficiente, de mayores y mejores resultados socioeconómicos. Desaprovecharla nos expondría a graves consecuencias.

Por ello, debemos propiciar condiciones para que de dichos comicios emanen autoridades revestidas con suficiente legalidad y legitimidad a políticos capaces de rectificar las políticas que nos llevan por mal camino y nos reencaminen con políticas esperanzadoras.

En el aquí y ahora, visualizamos que los propios partidos políticos, en ejercicio de las atribuciones y responsabilidades que les confiere el artículo 216 de nuestra Constitución, son los más llamados a examinar condiciones electorales presentes y proponer iniciativas para superarlas; requiriéndose, indefectiblemente, aquellas conducentes a restablecer credibilidad a la JCE.

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