El cierre temporal de administraciones públicas para servicios no esenciales que hemos propuesto para combatir la pandemia- https://hoy.com.do/cerrar-gobierno-una-semana-en-lugar-de-cerrar-la-economia/-no es una iniciativa temeraria sino tremendista.

La figura del cierre temporal de administraciones emana de EEUU, nación tenida como referencia democrática. Desde 1976, se ha cerrado el Gobierno federal en 19 ocasiones. Los Estados de Minnesota, Nueva Jersey y Pensilvania han adoptado cierres particulares.

El condado de Eire, New York y ciudades norteamericanas de los Estados de Pensilvania, California y Florida han cerrado, emulados por la declaración de quiebra de Detroit.

Doctrinariamente, la utilidad de gobiernos ha sido hasta cuestionada por doctrinas políticas revolucionarias.

El marxismo original, al igual que el socialismo utópico como el de Tomás Moro, plantearon sociedades sin clases tan equitativas, que hacían innecesarios gobiernos. No fue sino con la agregación leninista al marxismo que el Estado recuperó su importancia revestido entonces como dictadura del proletariado.

El cierre temporal fue asumido por quien esto escribe durante gobiernos reformistas forzado por huelgas y nada significativamente afectó el funcionamiento normal de la sociedad.

El cierre de administraciones pudiera aprovecharse, además del control pandémico, para encarar otras urgencias relacionadas con la política fiscal vigente, caracterizada por enorme expansión del gasto corriente, disminución de gastos de capital y amortizaciones.

En los 148 días del año transcurridos hasta el 28/05/2021, el gasto corriente promedio diario crecía 43%; el de capital se contraía 58% mientras amortización de deudas disminuía 36%. Todo con relación al promedio diario 2020.

Ello en medio del extraordinario crecimiento de ingresos corrientes (54%) que a menos que sea un espejismo alimentado por avances de empresas financieras y mineras, hace injustificable procurar reformas fiscales centradas en aumentos impositivos.

Pero no debemos llevarnos engaños. El faltante de recursos durante el año está siendo del 4% de ingresos, incrementable ante posibilidad que amortizaciones aumenten 44% hasta lograr la meta del Presupuesto/2021. Y el Gobierno admite, disimuladamente, déficit fiscal del 8%/PBI.

El cierre temporal de administraciones no esenciales constituye una medida más efectiva para evitar aglomeraciones contenedoras del COVID 19, frente al cierre económico que postulan propulsores de tentaciones similares a las que sufrió Jesús mientras ayunaba en el desierto.

Administraciones se han convertido en foco de aglomeraciones contravinientes de llamados de autoridades; dando mal ejemplo de no practicar lo que predican. Han constituido focos de contaminación testimoniados por varios funcionarios ejecutivos y órganos legislativos contagiados que, inexplicablemente, hasta lo pregonan con aparente orgullo.

El millón de personas que merodean administraciones-entre empleados, nominales, nominillados y ayudados-constituyen principal generador de aglomeraciones en instalaciones oficiales y sistemas de transporte.

¡Cerremos esa deficitaria fuente de contagio!

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