La conmemoración del aniversario del Gobierno ha sido celebrada desproporcionadamente.
Constituyó la más fastuosa celebración de los 55 años de democracia ininterrumpida que estamos viviendo en medio de una pandemia que excusa todos los errores y omisiones posibles. Y de una austeridad reiteradamente proclamada.

Fue desproporcionada con relación a resultados evidentemente alcanzados concentrados en: vacunación, recuperación económica, incremento recaudaciones fiscales e independencia del Ministerio Publico que ha iniciado, no concluido, procesos contra la impunidad.

Y en el logro intangible de la continuidad jurídica del Estado, tanto que en ocasiones cuestiona la consigna del CAMBIO, al continuar, esencialmente, los mismos programas aunque con nombres diferentes; mientras los cambios profundos esperados se diluyen en reiteradas promesas discurseadas.

Fue contraproducente por minimizar la rendición constitucional de cuentas, acompañada del mensaje a la nación establecido para cada 27/02.
La excesiva promoción y publicidad gubernamentales resultó tan ingestante que recordó la expresión de “Dime…que alardeas y te diré…que careces”.

La ciudadanía recordará que ya le ha transcurrido la cuarta parte del período para el que fue elegido, teniendo en cuenta que no hay tradición reeleccionista exitosa en el PRDMismo; traduciendo aumento de exigencias sociales.
Colocará al Gobierno bajo mayor presión, hasta turbarlo más, teniendo en cuenta que los CAMBIOS sustanciales prometidos tendrá que ejecutarlos en 3 en lugar de 4 años; habiendo desaprovechado la oportunidad que brindó el inicio de todo Gobierno para concertar pactos antes de encenderse el debate político.

Todo ello en medio de autosatisfacción gubernamental de lo logrado. La cuenta presidencial tweet se autoelogia de “muchísimos logros”. Una funcionaria de salud Santiaguera calificaba el año como sueño. Se montaron espectáculos comparables con los premios OSCAR.

Para el discurso presidencial, que había comparecido ante representantes de medios de prensa Corripio, se montó una tarima a costo inimaginable dado que el espectáculo del MOP costó RD$18 millones.

Acicateado por esa ofensiva gubernamental, medios y opinión pública abundaron en balances, de “luces y sombras” predominando evaluaciones del año transcurrido, acompañadas de desafíos de los restantes.
Por ello, las excesivas celebraciones terminarán siendo un error estratégico que se revertirán contra el Gobierno.

Mas por la ausencia de avances en materia de las grandes reformas sustanciales mandadas legalmente y prometidas por el CAMBIO; las cuales han sido reanunciadas, relegadas o enfocadas erróneamente, con temor y timidez.

Como la fiscal. Según MEPyD se sigue la pauta de las 11 reformas precedentes en 20 años, de reducirla a lo tributario para superar déficits originados por gastos inadecuados.
En lugar de reformarla para fomentar producción y superar agravamiento económico del año de Gobierno.

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