Candidaturas contra “Déjà vu”y desenfrenos electorales

Parecemos afectados por una especie de “Déjà vu” y un peligroso desenfreno electoral que están derivando en desbordamientos de aspiraciones, llegando a ridiculeces y/o locura e impidiendo postulaciones responsables para encarar el estado actual de cosas.

A pesar de supuestos progresos y avances legislativos, como que estamos volviendo a vivir enrarecimientos electorales criticados del pasado.

Se hizo creer, en 1994,que males se corregirían prohibiendo reelección de Balaguer, separando elecciones y centrando Poder Judicial en el CNM. Se obligó a Balaguer modificar Constitución que mantuvo intacta por 30 años, que luego se modificó 4 veces en 20, sin contar intentos fallidos. A pesar de reconocer que de no cumplirse Constitución se convertiría en pedazo de papel, Balaguer nunca la modificó “motu proprio” y cuando accedió a ello fue en su perjuicio, no para beneficiarse. Los demás presidentes la modificaron-o intentaron-para aprovecharse.

Se hizo creer que cuando dispusiéramos ley de partidos se mejorarían comportamientos. Algunos señalaban que sería vano disponer esta ley sin otra de regulación electoral. Ahora tenemos las dos y la turbidez electoral se ha incrementado. Hubo rasgado de vestiduras por interarrastre diputados-senadores, pero se sobresee el arrastre gobierno congreso por haberse restablecido unificación de elecciones separadas en 1994.

Estos entuertos, falta de autoridad y credibilidad de autoridades electorales, incluyendo Tribunales que rehúyen expedientes, la recurrencia a máxima jurídica que nadie está obligado ante lo imposible; están magnificando la tendencia de nuestro estamento político-partidario al relajamiento socialmente preexistente de desbocar aspiraciones de candidaturas. Incurren en psicosis, perdiendo sentido de la realidad, o en la locura sobre lo cual Einstein advertía se cae cuando se: “hace lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Repitiendo errores y llegando a la ridiculez de considerar que basta autoproclamar(se) candidatos para atraer electores y autovalorizarse políticamente, desmeritan investiduras.

Todo ello perjudicando ejercicio político responsable que conlleva postular candidatos permeables, asociados a estrategias electorales realistas diseñadas en función de encuestas y criterios objetivos. Candidatos templados y experimentados para ejecutar programas que encaren urgencias sociales y riesgos económicos; revestidos de idoneidad inspiradora de confianza y concitante de entusiasmos traducibles en votos; Orgullosamente coherentes con su identidad reflejada en ideas y praxis asumidas.

Candidaturas que puedan avalar sus ofertas con testimonios de cumplimientos de palabras y anuncios previos; capaces de concitar apoyos de fuerzas activas partiendo de políticos prójimos llegando a organizaciones lejanas; de sostener reacciones inmediatas ante desatinos del gobierno que pretenden desplazar, de catalizar inconformidades y demostrar capacidad de gobernar para vencer resistencias que todo cambio genera.

Solo así se podrá encararse el “Déjà vu” y desenfreno que tanto puede afectarnos.

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