Bosch a Danilo vía Dilma: “remedios amargos” al desorden

Cerrando la campaña en 1982, Juan Bosch, en su discurso, sentenció una condición del buen político: “saber anticiparse a los acontecimientos”; expresiones que el Presidente Medina debe ponderar viéndose en el espejo de su equivalente brasileña para valorarse satisfactoriamente ante la sentencia de su líder.

A menos de un año de su reelección Dilma anuncia “remedios amargos” para enfrentar la situación económica por la que atraviesa Brasil entre otros elementos que mantienen en jaque a su Gobierno.

“Las medidas que estamos adoptando son necesarias para poner la casa en orden…”, apunta Dilma, admitiendo implícitamente el desorden resultante después de su primer período de gobierno y de los gobiernos precedentes de su partido.

Intenta ahora un ajuste fiscal para sanear las alicaídas cuentas públicas. Cita como remedio relevante “la revaluación… de programas sociales, para ver cuáles necesitan ser reducidos”. Y aunque no aludió a escándalos de corrupción en Petrobras que involucran empresas como ODEBRECH con amplias ramificaciones en nuestro país, está profundamente salpicada por ellos.

Habiendo alcanzado popularidad de casi el 80% hoy apenas llega al 7%, por la contracción económica de 1.5% e inflación de 10%, anualizadas, que sus políticas han provocado.

Agobiada porestas realidades, la conmemoración del día de la independencia brasileña fue tímida. Temiendo cacerolazos y protestas, su mensaje conmemorativo fue emitido por redes sociales, en lugar de las tradicionales cadenas de radio y TV. Su presencia en el desfile militar fue reforzada con medidas extremas de seguridad.

La incidencia brasileña, y de las políticas sociales de Dilma en particular sobre gobernantes dominicanos, se robustecieron con la visita de Danilo durante la transición posterior a nuestras elecciones en 2012; cuando aparentemente se nutrió de sus programas e incrementó lazos gubernamentales, figuradamente entusiasmado por la alta popularidad de la mandataria, el dinamismo económico observado en Brasil y su condición de potencia emergente dentro del grupo BRICS de naciones.

Hoy, a un año de la reelección de Dilma, su popularidad se ha desplomado ante los problemas fiscales, económicos, inflación y corrupción observados; viéndose precisada a adoptar ajustes y “remedios amargos”, afectando políticas y programas otrora presentados como panaceas paradigmáticos, para poner “la casa en orden” según sus palabras.

A la luz de la sentencia de Bosch, ojalá Danilo tome como lección la experiencia de Dilma y “anticipándose a los acontecimientos” adopte los correctivos necesarios a la tremendamente peligrosa fiscalidad deficitaria que su gobierno nos ha impuesto por consumir todas las recaudaciones en cargas fijas; determinando la succión gubernamental del 92% de las disponibilidades crediticias nacionales, a altos intereses, para financiarse, en perjuicio de nuestra economía.

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