Todos contra todos en primera vuelta

Contrario a como piensan algunos ciudadanos y “politocratas”, ante el escenario de primera vuelta dibujado por Hipólito o Danilo contra Leonel, Abinader y otros, que apunta indefectiblemente a una segunda; lo conveniente para la nación, su democracia y la regeneración misma del sistema de partidos sería que todos los partidos compitieran con candidatos presidenciales propios en primera vuelta.
Varias iniciativas están circulando tras unificación opositora desde primera vuelta, lo cual no consideramos factible ni conveniente.

No es factible por la auto-sobrestimación de 22 dirigentes y partidos que concurrieron en las pasadas elecciones sin alcanzar el 2% requerido para mantener personalidad jurídica. Diecisiete de ellos no alcanzaron votos equivalentes a los delegados y suplentes que se supone colocaron en las 16,070 mesas establecidas en 2016.
Esta proliferación de partidos perjudica la democracia por carecer de esencias ideológicas sustentadores de mensajes programáticos a la ciudadanía, descansando el proselitismo alrededor de pretensiosos liderazgos, careciendo de capacidades de proponer y debatir planteamientos sobre nuestras urgencias y subsistiendo parasitariamente a expensas de otros. Muchos consiguen votos de protesta, resabiosos o aventureros.
Ignorando esto, sus dirigentes se crecen. Truenan, actúan como si estuvieran respaldados por mayorías, confundiendo o desanimando a los electores que terminan refugiándose en los partidos tradicionales que están colapsando el subsistema de partidos; arrastrando consigo al sistema político y la efectividad y eficacia, social y económica, de nuestra democracia.
El Todos contra todos en primera vuelta obligaría a definir ideas y programas, exponerlos mediante discursos evaluables por electores, diferenciarlos uno de otros, ponderar proselitismos propios para la ciudadanía pondere efectividad organizativa, táctica y estratégica, acreditadores de votos electorales y capacidad para gobernar.
Así como Napoleón Bonaparte ponderaba la fortaleza de sus ejércitos sometidos para saber qué concesiones otorgaba y Stalin condicionaba la tenencia de tanques de guerra para estar presente en la conferencia de Yalta; el Todos contra todos en primera vuelta permitiría saber cuántos indios tiene cada cacique, qué fuerza tiene cada partido para acreditar reclamos, formular posicionamientos políticos y/o demandar derechos de participación en la conducción de la nación.
Esa concurrencia individual en primera vuelta fortalecería la identidad partidaria, depuraría y fortalecería el subsistema de partidos y redundaría en mejorar nuestro sistema político hasta hacer la democracia más eficaz y eficiente social y económicamente.
Como “El Estado debe promover… condiciones…para que la igualdad sea…efectiva” (art. 39.3 Constitución) “a través de…mecanismos… que…vinculan a todos los poderes públicos…”(art. 68) y siendo la JCE el poder que debe “velar…por los procesos electorales” (art. 212. IV); debería ponderar el Todos contra todos en primera vuelta y que las alianzas se concierten en ese play-off que constituye la segunda.

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