Resurgimiento opositor

Ante un Gobierno sumido en descrédito acicateado por corrupción e impunidad, resulta imperativo, para preservar democracia, un resurgimiento opositor.
Las artimañas gubernamentales, judiciales y administrativas, con propósitos dilatorios, han profundizado pérdida del respeto requerido para ejercer autoridad, aun cuando autoridades se regodeen, pírricamente, del tiempo ganado. Las argucias procedimentales y mediáticas no han detenido deterioro de imagen gubernamental.
Nuestros partidos no están exentos de responsabilidades. Un dirigente PLDista acaba de advertir que ODEBRECHT envolverá dirigentes opositores, confirmando percepción de connivencia y complicidad tras proteccionismo; avalando el tímido accionar opositor en el caso.
Adicionalmente el accionar opositor luce descentrado, procurando cambiar nombres burocráticos(Ej:IDM->LMD) y reclamar asignaciones presupuestarias previamente auto-cercenados; rezagado al alborozarse en elecciones de una UASD agonizante; concentrado y entretenido, contradictoriamente, si discute leyes electorales bajo la tutela del funcionario gubernamental que había descalificado previamente por presidir Comisión de Punta Catalina en lugar de discutirla con una JCE que ha aceptado o en el organismo constitucional competente; tirándole toallas al Gobierno proponiéndole pactos; errática al convocar movilizaciones que expondría al ridículo por carecer de capacidad de convocatoria y por pretender competir con movilizaciones verdes, espontáneas, precisamente por falta de liderazgo opositor.
El Movimiento Verde requiere por su parte definir su accionar. Hoy se limita a luchar contra la corrupción sin diseñar mecanismos de respuestas políticas futuras, comprehensivas, a todas nuestras inconformidades; frente a corrientes internas que postulan limitarse a exigir leyes electorales o una Constituyente.
Mientras, persisten problemas nacionales: inseguridad ciudadana, delincuencia, desempleo, insatisfacción de necesidades, precariedades de servicios, fiscalidad y economía deficitarias, dependencia del endeudamiento frente al orden internacional que amenaza restringirlo, desorden demoterritorial, deterioro ambiental, descontrol migratorio, etc.
Este escenario amenaza nuestra gobernabilidad; exponiendo nuestra democracia al fracaso o al surgimiento de aventuras políticas conducentes al temido salto al vacío.
Nuestra democracia exige para su preservación y perfectibilidad, resurgimiento opositor. Una oposición centrada en prioridades determinadas por urgencias nacionales. Que denuncie firme y sistemáticamente ante instancias correspondientes males y yerros gubernamentales, especialmente aquellos relacionados con incumplimiento de leyes conducentes a ilegalidades abonadoras de ingobernabilidad. Que recurra internacionalmente ante incumplimiento de otras, como de lavado de activos, regulatorias de un orden internacional sano. Que advierta a la comunidad financiera internacional sobre riesgos de impago de seguir respaldando la dispendiosa y deficitaria administración PLDista.
La pelota está en cancha de partidos opositores. A ellos corresponde la primera opción para el resurgimiento opositor. No hacerlo los expondría a seguir disminuyendo su incidencia quién sabe si hasta su vergonzosa relegación como sucede en Francia.
O su completa extinción, abriendo espacio para el surgimiento de nuevos esquemas que, de resultar antidemocráticos, sobre los partidos recaerían corresponsabilidades.

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