Rescatando solemnidad en investidura presidencial

Las redes sociales se cebaron de respuestas evasivas del presidente Medina ante preguntas precisas de su par chino, afectando su imagen. Un nuevo candidato o precandidato presidencial dominicano aflora prácticamente cada semana. La solemnidad de nuestra investidura presidencial se ha relajado haciendo necesario rescatarla para sostener y perfeccionar nuestra democracia.

Por degradarse nuestro sistema político, partidos y liderazgo, la selección de candidatos y precandidatos se ha convertido en una especie de festival para promociones personales. Se ha creído, pretendiendo hacer creer, que basta una decisión de autoproclamacion, organizar una acto de “lanzamiento” o abrir una “oficina política” para merecer este tratamiento. Se ha recurrido a lanzamientos mediáticos o electrónicos, en ocasiones mediante ruedas de prensa o autofilmación acompañados de familiares.

Incluso muchos, incluyendo medios, llegan a conceder tratamiento presidencial a precandidatos, al presentarlos ante escenarios, sin evaluar si tienen condiciones y capacidades para ostentar, responsable y adecuadamente, la investidura presidencial; incluyendo el encaramiento de conflictos y adoptar correctivos necesarios para reorientar la nación por mejor camino.

Imagínese, p.e., la situación que se presentaría cuando se agote nuestra capacidad de endeudamiento y se cierren válvulas financieras por este agotamiento o por situaciones internacionales -económicas, militares, migratorias o por (no)combatir corrupción- restringentes del flujo de recursos externos. Esto haría obligatorio reducir gasto para disminuir déficits.

¿Cuales precandidatos tienen convicción, fortaleza y firmeza, de carácter y base política, para efectuar los ajustes reductores de instituciones, nóminas, subsidios improductivos o privilegiados, etc.?

¿Cuáles tienen credibilidad y capacidad de convocatoria para propiciar una concertación política capaz de impedir reacciones sociales adversas derivadas de estos ajustes?

Algo similar pudiera suceder ante otras situaciones potencialmente amenazantes de nuestro ordenamiento social como son problemas causados por precariedades de servicios públicos, migración, ambientales, tráfico de ilegalidades, soberanía, etc

Los ciudadanos no deberían pues fijarse tanto en ínfulas presidenciales que asumen los que se autoproclaman candidatos o precandidatos frecuentemente acompañados de bultosas escoltas trajeadas de, y/o en vehículos, negros.

Tampoco en rostros retocados plasmados en afiches y vallas, en discursos y declaraciones preñadas de retórica promeseristas, en actos de masas alimentados con pasajes y picapollos, en visitas barriales donde posan abrazando niños y ancianos.

Deberían más bien imaginar cómo reaccionarían los candidatos y precandidatos que proliferan ante escenarios previsibles como una devaluación monetaria provocada por el cierre de financiamientos externos, presiones sociales por medidas de austeridad, recorte de privilegios, mayor avalancha migratoria, combatir corrupción e inseguridad ciudadana, etc.

La perfectibilidad de nuestra democracia dominicana exige rescatar la solemnidad de la investidura presidencial, seria y responsablemente, debiendo comenzar al seleccionarse candidatos.

Es hora que las Instancias responsables de la nación tomen cartas en este asunto.

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