Reformismo de Balaguer

El decimocuarto aniversario del fallecimiento de Balaguer encuentra un reformismo distante del que aspirara: Tan fraccionado que se hace difícil, aunque no imposible, despertar ese “coloso dormido” para salir “a las calles con las banderas desplegadas” y cumplir su “cita…con nuestra historia”.

Este fraccionamiento parece ahondarse con hechos recientes: Una asamblea, amenazada con subfraccionamiento, fue celebrada el pasado domingo, aun cuando la franquicia había solicitado al TSE que la impidiera; solicitud que fue sobreseída. En ella se escogieron autoridades diferentes a escogidas en la asamblea de mayo, resultando dos directivas y apuntado a nuevas recurrencias al TSE.

Desde principios del pasado año, reformistas dirimen conflictos en ese Tribunal. Durante 16 meses energías reformistas se consumieron alrededor de audiencias, descuidando consignas para salir a las calles, desplegando banderas para cumplir cita con la historia. De transcurrir el nuevo conflicto tiempo similar, las elecciones/2020 sorprenderían al reformismo litigando entre sí.

Mientras la población dominicana sigue acosada por inseguridad, desempleo, corrupción, déficits, endeudamientos, insuficiencia productiva, amenazas a nuestra identidad y soberanía, precariedades de servicios como recolección y disposición de basura que recientemente ha provocado enormes pérdidas a personas y empresas.

No en vano las encuestas levantadas ubican al reformismo con porcentajes de partido minoritario y ninguno de los que han declarado sus aspiraciones aparece con preferencias significativas. Incluso en medios de comunicación y mentideros políticos, se refieren a un reformismo en extinción, formando parte del pasado, sin incidencia presente o futura.

Constituye un imperativo, que la nación aspira y espera, revertir prontamente estas percepciones a fin que el reformismo pueda cumplir con sus responsabilidades con la nación y sus ciudadanos, con la historia y con nuestro fundador y líder: efectuando aportaciones conforme nuestra doctrina, praxis y experiencia.

Y para preservar y dar continuidad a una obra de gobierno que se desvirtúa, deteriora y degrada.

La fiscalidad superavitaria ha cedido paso a la deficitaria. La soberanía financiera al endeudamiento. Los sectores productivos primarios languidecen. La generación de puestos de trabajo en una economía fiscalmente incentivada ha sido reemplazada por empleos y subsidios improductivos. Nuestras infraestructuras físicas como Centro Olímpico y la Plaza de la Cultura se arrabalizan. Nuestros centros urbanos crecen caóticamente sin previsiones de servicios. Nuestros campos lucen desolados. La deforestación que detuvimos se restablece violando leyes de Medio Ambiente que testamos.

Detener y revertir esto requiere un reformismo sin facciones que lleve a las calles, levantando las banderas entregadas por Balaguer para relevarlo, lo cual no se logra en tribunales sino mediante entendimientos políticos.

De lo contrario, tanto la organización como sus dirigentes, terminarán devaluados. Y le habremos fallado al líder que hoy recordamos.

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