Para encarar la crisis post-electoral

Las recientes elecciones han dejado las más amargas enseñanzas observadas luego que tecnología, modernidad, globalización y sociopopulismo se apoderaran de nuestra conducción pública. Tomémoslas como experiencias no repetibles, emprendiendo correctivos mediante previsiones mediatas. Pero no ignoremos la imperiosa necesidad de superar, urgentemente, el empantanamiento que nos encontramos.
Aprendamos que no se puede seguir modificando la Constitución inmediatamente antes de elecciones para acomodarla a intereses particulares, ni elegir simultáneamente funcionarios provinciales y municipales con el Presidente, mucho menos creando nuevas demarcaciones. A tener cuidado en escoger administradores del proceso de comprobada independencia política-partidaria sin pretensiones futuras, aptitud, idoneidad moral y equilibrio emocional. Que no resistan cumplir leyes vigentes con la de Compras (340-06).
Ciertamente leyes electorales y de partidos constituyen soluciones mediatas. Pero hay una crisis presente que no puede ser soslayada especialmente en beneficio de tenidos ganadores, incluyendo al presidente Medina, quien no debe engañarse ni regodearse en su “triunfo” puesto que le será difícil gobernar un segundo período estigmatizado con cuestionamientos sobre legalidad y legitimidad cuyo espejo reciente puede verlo en su doblemente contraparte brasileña.
Presumimos que comprende esta realidad a juzgar por sus intentos de que todo vuelva a la normalidad, manifestada en recientes actos como reactivar visitas sorpresa, entregar autobuses y reunirse con titulares del Congreso para seguir “leyes pendientes”.
Transcurrida la sexta parte del período de transición entre elecciones y toma de posesión de autoridades, hasta ahora no se vislumbra la superación del empantanamiento en que nos encontramos. Ni siquiera se otean instancias nacionales que la protagonicen, constituyendo el nudo gordiano para ello.
Prácticamente todas las instancias de concertación lucen inhabilitadas. El primero llamado a protagonizarla hubiera sido el propio presidente Medina – como lo hizo Balaguer en 1970,1974,1990 y 1994- pero está inhabilitado para ello por las valientes y atinadas razones expresadas en el editorial de Diario Libre del 26/05/16 titulado: “LA CULPA ES DE DANILO”.
Las últimas iniciativas dialogadoras iniciadas por la máxima jerarquía eclesiástica se han convertido en formalidades rituales sin aportar soluciones efectivas a las crisis apoderadas, percibiéndose, además, que forman parte rutinaria de debates causantes de conflictos.
Los empresarios ya tomaron parte al adelantar felicitaciones al Gobierno. Los trabajadores siguen con la venda premiada por su participación remunerada en la Seguridad Social. Muchos gremios profesionales se encuentran amordazados por nombramientos y contratos.
¿Quiénes protagonizarían iniciativas de concertación para superar la presente crisis? Al estilo shakespeariano, esa es la cuestión; con el agravante que pudiera entrañar un reforma constitucional, como siempre se ha hecho para superar grandes crisis políticas.
Los propietarios de medios de comunicación con el concurso de organismos supranacionales tienen la palabra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *