PADRE DUARTE, ¿QUE TE HEMOS HECHO?

Hace 206 años que naciste. Forjaste la dominicanidad, como reza el himno en tu honor, “en la fragua de la escuela…el alma de la patria”. Impartiste enseñanzas a través de organizaciones cívicas, incluso clandestinas, La Dramática y La Filantrópica, que precedieron La Trinitaria como instrumento político.

 

Nos hiciste tomar conciencia que “hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria”, pidiéndole a Dios que te diera salud, corazón y juicio para enfrentar las carencias de corazón y juicio que aún persisten.

 

A pesar de tus esfuerzos por conservarte bueno de “corazón y…cabeza” y pedirle a “Dios…fortaleza para no descender a la tumba sin dejar <tu> Patria libre, independiente y triunfante”; todavía hoy, por la insensibilidad de descorazonados e irresponsabilidad de cabezas gobernantes nuestra libertad e independencia se encuentran sometidos a condicionamientos vía endeudamiento conducentes a derroteros frustratorios.

 

Resaltaste que “Hay palabras que por las ideas que revelan…atraen… simpatías hacia los seres que las pronuncian”. Hoy estamos careciendo de seres con palabras e ideas sembradores de entusiasmos y esperanzas; encontrándonos conducidos, actual y potencialmente, por pretenciosos interesados más en beneficiarse personalmente que en procurar bienestar general.

 

Nos enseñaste a ponderar el providencialismo: son “Los providencialistas…los que salvarán la Patria del infierno a que la tienen condenada” los que llamaste ciudadanos del infierno, que Jesús  llamaba “hijos de las tinieblas”, contrapuestos a los de la luz que perteneces.

 

Tu escuela fue enérgica en enseñarnos que “El crimen no prescribe ni queda jamás impune”. Como el maestro de Galilea advertiste de la Justicia Divina al legarnos que “El buen dominicano tiene hambre y sed de justicia…y… si se la negase, Dios… sabrá hacérsela cumplir” haciéndoles ver a aquellos…“que tuvieron oídos para oír y no oyeron, de los que tuvieron ojos para ver y no vieron…<que>… ellos habrán de oír y habrán de ver…lo que no hubieran querido oír ni ver jamás”.

 

Nos inculcaste la idea del Bien Común al enseñarnos que trabajar “para la patria…es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”. Y la persistencia de trabajar “sin descansar<ni>perder la fe en Dios, en la justicia de nuestra causa y en nuestros propios brazos”.

 

Repasar tus enseñanzas nos hace recordar el lamento divino contra “su” pueblo expresado por el profeta Miqueas 6:3: “¿qué te hecho?”

 

¿Que hemos hecho con tus enseñanzas?, cuando hoy casi ni se te canta en la escuela. Y cuando nuestros gobernantes ni siquiera saben con precisión en qué año naciste

 

 

Danos la fortaleza que tu le pediste a Dios para seguir trabajando hasta hacer entender, internalizar e implantar tus enseñanzas hoy tan necesarias como aquella vez que provocaste el vencimiento de la dominación a la que nos sometieron nuestros vecinos.

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