Leonel:2016 :: Balaguer:1996

Sea por la consabida expresión- “la historia se repite”-o por lo del zorzal criollo en su tango “VOLVER”-“veinte años no es nada”-para las elecciones 2016 Leonel se encontrará en situación similar a la experimentada por Balaguer en 1996.

Para 1996 la “politologocracia” diagnosticaba la extinción de Balaguer del tablero político luego de ser sacado del poder por la imposición del poderío internacional expresado en el “pacto por la democracia”. Pero no fue así. Su vigencia trascendió el ejercicio del gobierno siendo determinante en la escogencia presidencial en 1996 y 2000, gravitando, como Damocles, en estas gestiones, hasta su muerte en 2002 cuando se desbocó la indisciplina fiscal y financiera, administrativa y social.

No era la primera vez que Balaguer era excluido por la “politologocracia”. En 1962 fue sacado del poder arrasado mediante movilizaciones inspiradas obtusamente en antitrujillismos. Su colaboración durante la dictadura le impidió actuar como Bosch aunque compartían que la dicotomía nacional no era entre trujillismo o no; sino encarar subdesarrollo y diferencias sociales, gobernando para los “menos desfavorecidos”. Como candidato presidencial en 1962 apenas obtuvo 6,000 votos.

Cuando perdió las elecciones en 1978, hubo pronósticos similares, pero ejerció una oposición constructiva al gobierno de Guzmán, impidiendo golpes de Estado, hasta ganar las elecciones en 1986.

Hoy, sectores de esa “politicologocracia” formulan pronósticos similares sobre Leonel Fernández. Algunos lo perciben acorralado y sepultado, rezagadamente, pues el espíritu del ave Fénix comienza a aposarse sobre él. Dependiendo como se maneje, pudiera resultar determinante para viabilizar ascensos presidenciales removedores de obstáculos a nuestra perfectibilidad democrática.

Se puede argumentar que sobre el Presidente Fernández gravitan señalamientos inhabilitantes para asumir estos roles por haber contribuido a convertir la logia partidaria que era PLD en corporación económica, prevaliéndose de recursos públicos.

Pero la desarticulación funcional y orgánica del PLD le brindan a Leonel oportunidad de sacudirse de esas ataduraspartidarios que le proporcionaron animadversión popular, y apoyar la candidatura que más convenga al interés nacional.

De llegar a sobreponer este interés nacional al partidario, no se apartaría de lo que ha sido la conducta en conflictos internos de liderazgo intra-partidario. Limitándonos al medio siglo contemporáneo bastaría observar que Balaguer no apoyó aspiraciones presidenciales de Lora ni de Peynado (1996). Lo de Guzmán y Jorge-Blanco terminó en tragedia y el pacto que este auspiciara para apoyar a Majluta (1986) no pasó de ser una pieza retórica. Él, Leonel, no apoyó a Danilo en 2000 y en 2012 lo hizo negociando a su esposa como vicepresidente.

La historia ahora se repetirá, veinte años después. Recurriendo al lenguaje matemático: Leonel, sin ser candidato, sería para 2016 lo que Balaguer fue en 1996.

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