Expectativas y clima de confianza

Las expectativas, creencias de lo que puede suceder, son significativas en actividades humanas, económicas y cambiarias incluidas. Ejemplo: presiones cambiarias determinadas por creencias devaluatorias.
Entre otras razones, las expectativas se forjan por la confianza, inducida o no, mediante actuaciones u omisiones gubernamentales.
Por las señales fiscales y financieras emitidas recientemente, y otras situaciones que comentamos, el gobierno no está contribuyendo a crear ese clima de confianza generador de expectativas favorables. Mas bien está creando intranquilidades y nerviosismo.
Con el presupuesto sometido y disposiciones administrativas durante sus primeros meses del nuevo mandato, evidencia desesperación fiscal y propensión a continuar carrera desenfrenada a deudas que habrá que pagar. Partidas como cuentas por pagar, que significa mayores atrasos, fueron incrementadas. Propone tributos desestimulantes de lo previamente estimulado (50% ITBIS en aduanas). Incrementa administrativamente otros y elimina subsidios. Amenaza utilizar – ¿expropiar, confiscar?- dinero de trabajadores administrados por AFP. Sacrifica su proyecto insignia ofreciéndole acciones a inversionistas privados.
Se agregan otros factores acentuadores de desconfianza. Funcionarios estimulan demandas salariales que el gobierno no puede satisfacer, sostienen posiciones encontradas públicamente, retozan con esfuerzos de concertación en pactos y diálogos, se distraen en eventos y cumbres en perjuicio de servicios a prestar (ej: Cancillería suspendió apostillados por CELAC). Organismos desempeñan tareas diferentes a sus competencias.
Esto coexiste con movilizaciones sociales por conflictos en transporte, demandas salariales, inconformidades vinculadas al pasado proceso electoral y temores de parcialidad en organismos encargados de administrar los próximos comicios.
Están surgiendo fenómenos nunca vistos que alejan posibilidades de restablecer orden público y seguridad ciudadana: jueces protestan; policías denuncian, renuncian o solicitan masivamente bajas; agentes estallan impotente y violentamente ante privilegios que impiden cumplir su rol.
Como respuesta se desarrolla una cultura de “sálvese quién pueda”: se aplica justicia con propias manos mientras choferes suben pasaje de 5 en 5 pesos, ni siquiera de uno a uno.
Habría que agregar malestar internacional provocado por reacciones oficiales ante denuncias vinculadas a corrupción y tráfico de ilegalidades, rimbombancia tardía y segmentada en revisión DR-CAFTA, reversión negativa de acciones positivas por excesiva ostentación (ayuda a Haití) convirtiendo en tenebrosas acciones luminosas. Y proyectando desconcierto en un gobierno altamente dependiente del financiamiento internacional.
Así no se puede crear clima de confianza imprescindible para forjar expectativas favorables para continuar superando nuestros males estructurales: insatisfacción de necesidades, desempleo, pobreza, precariedades de servicios, caos territorial, depredación ambiental, distribución de riquezas, etc.
Resulta pues imperativo recrear un adecuado clima de confianza forjador de expectativas favorables a nuestra estabilidad, sostenibilidad y perfectibilidad.

Para ello existe una significativa voluntad nacional que está siendo desaprovechada pero que, lamentablemente, el gobierno no parece decidido recurrir a ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *