Entendimiento nacional para desmontar socio populismo

Súbitamente el diálogo político potencialmente conducente a pactos parece desvanecerse, dando paso a debates intrascendentes como pro-presidencias de ayuntamientos amparados en regla dizque de oro que ha terminado en cieno de complicidades y connivencias. Sería iluso esperar pues, concreción de pacto alguno; por lo que instancias responsables nacionales tienen obligación de procurar esquemas de entendimiento centrados en temas impostergables e imprescindibles como el desmontar el sociopopulismo vigente.
Nos referimos al sociopopulismo expresado a través del gasto público, exagerado y complaciente, efectuado en nombre de nuestras urgencias sociales; generalmente asociados a errores conceptuales, clientelismo, ineficiencias y corrupción. Consumen en cargas fijas las recaudaciones aportadas por contribuyentes y endeudamientos conducentes a plena hipoteca nacional; mediante: burocracia hipertrofiada, subsidios improductivos e inhibidores de productividad, perpetuadores de pobreza en lugar de superarla; privilegiando allegados en contrataciones de obras y servicios, tasas de interés encima de predominantes en mercados internacionales, “ayudas” a dirigentes de partidos y forjadores de opinión pública, etc.
Experiencias latinoamericanas recientes demuestran la vulnerabilidad de lo sustentado en sociopopulismos.
Esta corriente toma cuerpo y puede sostenerse bajo situaciones excepcionales -Ej: petróleo encima de los US$100/barril- beneficiando Brasil y Venezuela. Sus tentáculos fueron irradiados a otras naciones como Argentina.
Pero finalmente pasa factura económica y política. El país más grande del mundo y mayor economía latinoamericana, está al borde de la ingobernabilidad luego de enormes déficits y corrupción. Venezuela se sume en una crisis política y económica, desabastecimientos e inflación, sin precedentes. Cobró factura política en Argentina.
Los gobiernos que hemos tenido durante los últimos años desde la partida física de Balaguer, se inscribieron en esta nociva corriente sin contar con recursos propios para sustentarlo. Recibimos para ello influencias externas de PETROCARIBE y de potencias nerviosamente interesadas en rescatar sus economías luego de la crisis hipotecaria del 2008, criterio que se enquistó en organismos internacionales otrora inscritos en disciplina fiscal procuradora de excedentes para invertir en producción de bienes, generadores de fuentes de trabajo. Como consecuencia, déficits fiscales dominan nuestro escenario determinando una economía especulativa. Cada año son mayores, haciendo crecer endeudamiento público: En lo que va de siglo XXI, a ritmo tres veces superior al de la economía.
Ante un entorno internacional caracterizado por tambores de guerra magnificado por flujos migratorios que hace más probable la contingencia de restricciones financiaras, resulta imperativo desmontar el sociopopulismo vigente para detener tendencias deficitarias y dependencias al endeudamiento
Eso requerirá sacrificios, por lo que un entendimiento nacional, inspirador de otros pactos derivados por añadidura, sería beneficioso.
Solo falta quienes, entre los que aportan recursos mediante impuestos o financiamientos, o sus propios administradores, asuman responsabilidad de promoverlo.

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