Encrucijada gubernamental. Marcha del 22

Nadie puede determinar qué chispa terminará encendiendo un fermento político. Habiéndose impuesto “arrolladoramente” en pasadas elecciones, “analistas” y “politólogos” consideraban que el gobierno “caminaría en coche” llegando a pronosticar, suponiendo sempiterna docilidad ciudadana, dictaduras. Pero la marcha ciudadana, convocada apenas meses después, ha concitado apoyo alimentado por cadenas de yerros que han debilitado al gobierno, colocándolo a la defensiva y en la encrucijada de profundizar errores o rectificar.
El elemento catalizador de esta encrucijada ha sido su proyecto estrella (Punta Catalina), su constructora (ODEBRECHT) y el financiamiento brasileño. Siempre proyectos estrellas-ferrocarriles cuando Lilís, anexiones bahía de Samaná, Feria cuando Trujillo, Madrigal cuando Jorge Blanco –estremecieron gobiernos.
Durante tres años, autoridades hacían caso omiso a críticas. Desnudada la corrupción brasileña, la actitud del gobierno fue de indiferencia y burla. Un funcionario palaciego declaró el desinterés ciudadano por el caso, interesándole solo comer.
De repente, ODEBRECHT admite ante justicia la norteamericana que pagó sobornos. La inmutabilidad gubernamental comienza a derrumbarse coincidiendo con despertares y encendidos de chispas ciudadanas.
La ortodoxia peledeísta reacciona considerando innecesaria la marcha, argumentando que ciudadanos se habían manifestado en mayo/20/16, como si los endosos políticos fueran estáticos, aun ante el mal gobernar.
Compelido a actuar por presiones y ejemplos internacionales, incluyendo gobiernos dentro del socialismo siglo XXI como el de Ecuador, que el nuestro hace creer que abraza, decide mover la acción pública. El procurador, tenido como aletargador de expedientes por lo cual muchos consideran que “nada pasará”, plantea inhabilitación de ODEBRECHT, convoca sus personeros, los confronta y exige documentación que avalen sus declaraciones exponiéndolos a acusaciones mutuas destapantes de cajas de pandoras.
Se nombra Comisión para investigar ahora lo hecho hace tres años. Los cuestionamientos anulan su credibilidad a pesar de personalidades que la integran: limitación a Punta Catalina, excluyendo decenas de proyectos en 15 años, subroga mecanismos similares instituidos en leyes, limitándola a licitación y adjudicación sin incursionar en sobreevaluaciones. Y para colmar la burla: la preside un accionista de empresa asociada a ODREBECHT, quien prevalido en su investidura sacerdotal ha secuestrado la concertación nacional
¿Qué sucederá ante esta encrucijada? Nada pasará como pronostican los rendidos al escepticismo? ¿La superará el gobierno si corta por el lado más flaco? Si se limita al soborno, sobreseyendo sobrecostos? ¿Tendrá la nobleza de rectificar su proceder? ¿Qué instancia concertadora podrá recurrirse ahora que su “concertador” tiene hacha que afilar? ¿Resistirá la ciudadanía las intentonas por abortar la marcha?
Nadie puede predecir respuestas. Pero la supervivencia y perfectibilidad de una democracia respetuosa, transparente y equitativa, eficaz y eficiente socialmente, dependerá si la marcha del 22 se convierte a detonante para ello.

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