EN EL NOMBRE DEL PADRE

Mas que la invocación con que muchos dominicanos iniciamos muchas actividades, desde el despegue de un avión hasta los jugadores de béisbol ante momentos particulares, utilizo este título pensando en el film del mismo nombre que precipitó la redacción de estas narraciones por mucho tiempo archivadas.

Filmada en 1993 se basa en la historia de las cuatro personas que fueron condenadas como supuestos miembros del Ejército Republicano Irlandés (o IRA, del inglés Irish Republican Army) por la explosión de un pub en Guildford, sur de Inglaterra, que terminó con la vida de cuatro soldados británicos fuera de servicio y un civil; por el cual fueron condenados, entre otros, Gerry Colon y su padre. El padre muere en prisión y su hijo resultó absuelto 15 años después de su condena, comprometiéndose, al ser liberado, a limpiar el nombre de su padre. De su autobiografía, partió el guión del film.

Un día, mientras me duchaba, recordé esa historia y consideré mi obligación, en el nombre de mis padres, envolverme en procesar las notas y recuerdos de lo que he vivido; por haber sido, papá y mamá, Pedro Caram (foto)pedro-caram y Altagracia Herrera, protagonistas principales de lo que he sido, pude haber sido y podré ser. Descendientes de inmigrantes libaneses poco alfabetizados, mis padres no sobrepasaron los primarios, aportaron al país que acogiera mis cuatro abuelos tres profesionales no desapercibidos en la sociedad dominicana: Roberto (+) en la medicina, Magaly en la sociología y quien esto escribe.

Estas aportaciones la efectuamos naciendo y creciendo en un ambiente de limitaciones intelectuales manifestado. En nuestra casa no disponíamos de biblioteca aun cuando los pocos libros disponibles eran ciertamente importantes como “el Libro de los Por Qué”, una especie   de enciclopedia que respondía las preguntas mas frecuentes de niños. Asi era de esperarse en una familia enfrascada en la agropecuaria y comercio como la encabezada por mis abuelos paternos: Mansur Caram (Jitte deformación de ) y Zaida Risi (Taita) Mi hermano Roberto (+) fue tan reconocido en el campo de la gastroenterología y durante los balbuceos de la seguridad social que encontrándome en proselitismo político durante la campaña electoral el año en que falleció, 2000, en la frontera de la República, fui presentado al momento de pronunciar mis palabras como el hermano del prominente médico que acababa de fallecer mas que por los meritos políticos y profesionales que pudiera poseer. Magaly no requiere presentación puesto que sus logros en la planificación familiar y campos afines mereció la condecoración con la orden de Duarte concedida por el Presidente Balaguer sin ser admiradora de él como yo lo he sido sin alcanzar esa distinción.

Varias intenciones priman al y para estas narraciones, inspiradas básicamente “de memoria”, acudiendo excepcionalmente a documentos para fines de confirmación de recuersos; emulados por escritores famosos como Stefan Sweig que consideró en sus Memorias que la mente ejerce una especie de filtro natural que selecciona los acontecimientos trascendentales en relación a otros menos relevantes.

La pereza en escribir estas vivencias se acentuaron al leer las memorias del Mahatma Gandhi dejándome al impresión que las escribió bajo protesta de si mismo, venciendo su propia resistencia para escribirlas. Neutralizó esta pereza el legado de políticos como Balaguer al encabezar sus memorias con la cita del republico español Niceto Alcalá Zamora

Por eso siento la obligación de dejar testimonio de mis experiencias. Por lo que pudiera ser de utilidad para futuro desempeños de los hombres públicos de parte de quien ha dedicado la mayor de su vida a las muchas veces cuestionada vida política partidista y en la administración estatal teniendo oportunidades en el ejercicio profesional independiente y en organizaciones de la sociedad, opciones también practicadas en mucho menor grado. De todo lo bueno o malo que pudiera calificarse el desempeño: De sus resultados, fracasos y frustraciones por no haber alcanzado lo que pudo haber sido y no fue.

Quise evitarle a mis descendientes el enorme dilema, a veces doloroso a juzgar por la experiencia que me tocó vivir en ocasión de la partida de mi padre, asi como la gravosa tarea, de que hacer con la enorme cantidad de papeles y escritos dispersos en mis archivos; en medio de la depreciación que esta sufriendo la documentación impresa cada día mas desafiada por la electrónica.

Aprovecho la ocasión para aportar datos correctivos de omisiones y deformaciones observadas en narraciones sobre acontecimientos acaecidos en determinadas épocas cuya interpretación percibo deliberadamente distorsionados a favor de protagonismos excesivos de unos en perjuicio de otros. Lo hago con la única intención de procurar justicia, esclarecer hechos, restaurar confianzas y reforzar valores que puedan contribuir a superar o mejorar el entorno en que vivimos.

Esta intención implica reconocer créditos y meritos en torno a aportaciones inéditos que van desde el ámbito familiar y el circulo primario de amistades durante el proceso de formación académica, contribuciones de prohombres que encauzaron mi proceder, coronados con la experiencia política y de Estado en cuyo proceso la figura de Joaquín Balaguer jugó un papel de tal importancia que pensando en muchas de sus frases expresadas en relación conmigo determinaron el titulo de estas experiencias.

Por supuesto, el haber observado y participado en esa especie de escuela de gobierno, desde la oposición inicial y luego en sus entrañas mismas, no me permite prescindir de comentarios sobre el arte y la técnica de gobernar sobre todo luego de las numerosas pretensiones de clonación que muchos políticos dominicanos han intentado.

Al respecto debo adelantar mi convicción de que Balaguer dispensaba, al despachar con sus colaboradores, un trato diferente en función del aprecio y respeto que le dispensara y al grado de vinculación política o personal que rigieran sus relaciones. Muchos desconocedores de las complejidades del Estado cuando se administra con responsabilidad y sentido de obligación de servir, pudieran calificar este estilo como acomodaticio en el arte de gobernar. Pero resulta imprescindible en toda democracia en la que es consustancial la falta de poder absoluto agravables por circunstancias difíciles que se requerirán para el mantenimiento del cargo y la estabilidad política. Ya lo había recordado el prof. Juan Bosch en 1963 con frase originaria de Lenin “saber gobernar es saber mantenerse en el poder”.

Este estilo de gobernar aplicado por Balaguer ha llevado a evaluar su gobierno en función del interlocutor que lo narre. En lo que a quien esto escribe se refiere, obviando lo que pudieran haber escrito apaniguados de la corrupción y la violencia, las experiencias con Balaguer fueron sanas y bien intencionadas. Nunca recibí instrucción alguna para una actuación reñida al respeto a los derechos humanos ni con la ética y deontología que debe caracterizar la idoneidad del desempeño publico. Por supuesto que tampoco incurrí en propuestas o motivaciones para ello a pesar de los grados de libertad que siempre interpreté y asumí el ejercicio de mis funciones para tomar las decisiones que considerara pertinentes aun cuando haya pagado las consecuencias del exceso de responsabilidades abrogadas.

Pecaría de omisión si en estas experiencias no dejara plasmadas perspectivas y visiones sobre el deber ser de la sociedad dominicana, de su economía política y ordenamiento; sobre todo que están corriendo el riesgo de desaprovecharse o subestimarse, de caer en el olvido para hacer honor a la expresión de Unamuno –“para el presente todo lo pasado es prehistoria” – no obstante haber dado resultados al momento de implementarse y validables en estos momentos preñados de incertidumbres sembradas por excesos de ficciones y especulaciones que caracterizan la economía contemporánea y del cursilero galopeo aplicado a una globalizacion cuyos beneficios están por verse en medio de naciones desarticuladas por efecto de las crisis ecologicas y economicas que observamos frente a autoridades marcadas por indolencia e indiferencia.

Finalmente tenemos la intencion de ratificar en este texto nuestra convicción sobre aquellos elementos que conforman la doctrina socialcristiana, despojada de fanatismo y absolutismos, que sigue conteniendo valores éticos y criterios mas apropiados para organizar las sociedades en procura de mejorar las condiciones de vida de los pueblos; mas que todo por su adecuacion a la naturaleza humana al margen del etiquetamiento al que hoy parecen renunciar incluso sus progenitores que tienen el derecho de reclamar su protagonismo exhibido apenas medio siglo atrás.

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