¿Días negros? ¡Refundemos el Estado Dominicano!

caramEl principal titular de HOY del jueves 14 consigna días negros para nuestra lechería. Visualizamos iguales días en nuestro andamiaje social, económico, político e institucional. Otros titulares avalan esta apreciación: Salud en estado de emergencia, nuestros estudiantes no aprenden en las escuelas, rezago en aprovechar acuerdos comerciales, Haití veta nuestros productos, fracasa pacto médico cuando se reclaman pactos en justicia, seguridad y fiscal; caos en espacios públicos, ocultamiento oficial de información sobre funcionarios que auto-reparten recursos.
Muestras coyunturales, reflejo de deficiencias importantes en nuestro Estado
El socio-populismo que nos ha regido últimamente determina un Estado endémicamente deficitario. Emplea más 600,000 personas y subsidia más de 800,000. Sumados contratistas, suplidores y tenedores de instrumentos financieros se concluye que prácticamente todas las familias dominicanas están tocadas por su “mano generosa”; cimentando clientelismo perjudicial a una sana democracia.
Excesivos gastos generan déficits financiados con endeudamientos. Los externos nadie puede garantizarlos por insostenibles y por el mundo presente en crisis política, militar y migratoria. El interno succiona recursos privados que atraídos mediante altas tasas de interés distorsiona el mercado financiero y sacrifica flujo de recursos a actividades generadoras de fuentes de trabajo y productivas.
Como consecuencia la producción se hace más insuficiente para satisfacer necesidades y las importaciones aumentan generándose otro déficit, externo: balanza de pagos.
Menos fuentes de trabajo incrementa demanda de servicios de educación y salud al Estado, incapacitado de prestarlos por ser deficitario, en estos como otros sociales y de apoyo a producción: transporte, energía.
Los días negros van más allá de la lechería frente al accionar de un gobierno cuyos resultados económicos y sociales han sido ineficaces: el menor aprendizaje de nuestros estudiantes contrasta con el 4% de la educación, se ubican escuelas en riberas de ríos, más tapones con elevadas inversiones en tránsito, transporte y energía malos y caros, a pesar de subsidios. Nos inundamos ante mínimos aguaceros. Nuestras aguas puras se convierten en cloacales a pesar de excesivos discursos y burocracias “pro-ambientalistas”.
Desempleo y precariedades de servicios abonan delincuencia causante de inseguridad ciudadana. Igual la corrupción e impunidad que nuestras leyes castigan pero nuestros tribunales no aplican.
La JCE celebra elecciones inequitativas y tollosas que empañan legitimidad y legalidad a autoridades electas, particularmente las legislativas. Permitió que quienes tienen asuntos judiciales pendientes pasen a ser autoridades. La politización de las Altas Cortes es perceptible mientras la propia Cámara de Cuentas admite su impotencia.
Nos degradamos política e institucionalmente mediante continuismo sazonado de nepotismo cuasi-dinástico por falta de normativas y/o incumplimiento de existentes relacionados con función pública y ejercicio político-partidista
Días negros que hacen indispensable la refundación del Estado Dominicano.

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