De tormentas: climatológicas y políticas

Nos están afectando tormentas climatológicas y políticas. Las climatológicas pagan daños que ocasionan. Las políticas azotan hasta desnudar y ahondar temores. Es el caso de la desatada por el combativo Presidente del Senado, predestinado candidato presidencial 2020, sobre elegir en 60 días integrantes de la JCE, luego de “decretar”, durante la campaña, ratificación de quienes dirigieron las cuestionadas elecciones pasadas.
Mientras la pose oficial del gobierno sigue siendo la recurrencia a diálogo, encomendado al Presidente del CES, estimulador de pactos como eléctrico y fiscal; despacharse con la declaración de marras enturbia el clima político, habida cuenta que la integración de JCE constituye nudo gordiano a desligar para reforzar legitimidad gubernamental, reformar políticamente al Estado Dominicano y pactar sobre temas socio-económicos.
La declaración de marras precipita la convección de la alta presión gubernamental evidenciada por el recordatorio que nos hace el citado funcionario; con baja presión opositora oposición evidenciada por inconstancias e incoherencias de posiciones dentro del diálogo político caminando como tortuga, si es que camina, entreteniendo a opositores con reuniones y declaraciones que recuerdan discos rayados. Y con pactos eléctricos y fiscal limitados a perpetuar intenciones sin conclusiones.
Estamos pues ante un escenario temerario y avasallador perjudicial al estado de derecho, a la supervivencia de una democracia respetuosa de espacios y derechos de opositores así como al restablecimiento de eficiencia, eficacia y capacidad de alcanzar un crecimiento económico con desarrollo humano.
Este escenario debe ser debidamente advertido por ciudadanos y liderazgo nacional, a fin de no lamentar mañana lo que no encaramos hoy.
Prevalecer en este contexto expone a ciudadanos a pagar el precio de perder los derechos políticos conquistados a costa de “sangre, sudor y lágrimas”: A seguir padeciendo condiciones de desempleo e insatisfacciones por carencia y carestía de servicios públicos precariamente recibidos del Estado en educación, salud, energía y transporte.
A seguir un crecimiento económico sin desarrollo humano que ha llevado a la cuarta parte de nuestras familias a disponer jóvenes Ni-Ni. A seguir pagando los platos rotos de una inadecuada administración fiscal mediante impuestos, altos costos financieros y endeudamientos. A correr riesgos de desaparición de sistemas y liderazgos, político-partidista y social-económico, para caer en aventuras o “saltos al vacío” como ha sucedido en otras latitudes de nuestro hemisferio.
La tormenta política desatada con la citada declaración debe llevar al liderazgo nacional genuinamente preocupado por nuestra institucionalidad democrática a replantear y rediseñar el funcionamiento de nuestro estamento político-partidario; hasta capacitarlo para imprimir un nuevo aliento a una democracia que, inexplicable y sorpresivamente, sufre de amenazas consideradas superadas luego de medio siglo de restablecida.
Reaccionemos ante la tormenta provocada.

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