De sorpresas y pactos en la democracia

caramLamentablemente estamos gobernados por sorpresas. No solo por las visitas. Nos sorprenden con bonos soberanos. Asignando apartamentos solo a 48 familias en el proyecto estrella gubernamental: La Barquita. Banreservas sorprende al pretender enseñar ahorrar a policías que ganando sueldos cebollas, sorprenden por su vinculación con la delincuencia.
Cada negligencia gubernamental genera acción sorpresiva. Ministerios sorprenden fumigando mosquitos multiplicados por falta de adecuadas políticas sanitarias que debieron desarrollar otros ministerios. Otros regalan motos a AMET como si el patrimonio del donante fuera diferente al del donado.
Lo más sorprendente son las pretensiones de pactar reforma fiscal después de postular en 2012 gobernar mediante pactos; partiendo del fiscal que abortaron ese mismo año, eléctrico que duerme el sueño eterno y el educativo impulsado por reclamaciones sociales ingenuas expresado en la lucha por 4%.
Pero estos fracasos no invalidan la conveniencia de pactos. Eso sí, sin equívocos, sectarismo, hipocresías ni simulaciones; Pactos con sinceridad objetividad y pluralismo. Pactos específicos enmarcados en visiones globales.
Para ello resulta imprescindible superar delincuencia, falta de sensibilidad y orden reflejados en indiferencias y negligencias administrativas en prestación de servicios sociales, políticas económicas desacertadas en términos de fomento de producción y creación de puestos de trabajo, despilfarro de gastos financiados con endeudamientos, caos en establecimientos humanos y degradación ambiental, debilitando dignidad nacional por presiones foráneas, degradación de nuestro sistema político, partidista y electoral.
Encarar esta realidad requiere proceder en orden inverso a como pretende el gobierno. En lugar por reintentar la democracia pactada vía algo tan específico como lo fiscal; justo y razonable sería abordar el sistema político profundamente herido por la sorpresiva regresión del sistema electoral después haber observado procesos ejemplares.
Consideramos que para que nuestra democracia funcione armónica y eficazmente, resulta ineludible restañar estas heridas, lo cual pueden lograrse mediante pactos.
Para ello no pueden quedar impunes las infracciones electorales que pudieran haberse cometido dentro de las estipulaciones contenidas en el Título XIX de la Ley Electoral así como las irregularidades administrativas confirmadas mediante investigaciones, autoincriminaciones o denuncias de titulares y funcionarios de la JCE.
Este restañamiento no solo pudiera evitar las repeticiones de acciones que pudieran enturbiar futuros procesos electorales, sino abrir puertas para pactos trascendentales que parten de lo político en general y concluyan con especificidades como lo fiscal tamizado por uno económico fomentador de la producción y creación de fuentes de trabajo.
Solo así pudiéramos evitar la sorpresa que se genera cuando las democracias dejan de cumplir sus cometidos esenciales de preservar paz, orden y libertades. Y satisfacer las necesidades sociales de nuestra población mediante el adecuado reordenamiento económico de la nación.

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