Danilo ¿imbatible? ¡en inflexión!

No obstante observarse indicadores que la popularidad de Danilo llegó al punto de inflexión, comenzando a descender; sigue argumentándose que la reelección es imbatible basándose en niveles previos y detentación del poder. Quienes así piensan no aprendieron la lección del medio siglo de nuestra democracia: Que la popularidad sustentada en el ejercicio del poder resulta veleidosa y deleznable.

En 1962 gobernaba Consejo de Estado compuesto principalmente por personeros de Unión Cívica Nacional. Su candidato, identificado con la popularidad anti-trujillista predominante, perdió.

En 1966 fueron auspiciadas elecciones por el gobierno provisional emanado de la revolución constitucionalista para reponer a Bosch. A pesar del endoso, y de recoger popularidad revolucionaria y nacionalista predominante, perdió.

En 1978, Balaguer gobernaba y controlaba las FF. AA. que espantaron el Acuerdo de Santiago en 1974. Perdió.

En 1986, el PRD gobernaba. A pesar de “unificarse” mediante “Pacto La Unión”, perdió.

En 1996, gobernando Balaguer, recayendo popularidad en Peña Gómez, ganó PLD que no gobernaba ni encabezaba popularidad.

En 2000, gobernando el PLD, Danilo perdió de Hipólito y del PRD.

En 2004, gobernando PRD con Hipólito tras la reelección; perdió.

En 2012, fracasaron intentos de restablecer reelección de Leonel y/o postular a su esposa, no obstante que gobernaba con popularidad.

Los apóstoles de imbatibilidad de Danilo deberían pues recordar estas experiencias a tono con la admonición de Balaguer: “la gloria política es la más deleznable de las glorias humanas”.

Y aceptar que la popularidad es veleidosa, inconstante, ligera. E internalizar que Danilo inflexionó, encontrándose en baja comparable con algunos de sus pares presidenciales preferidos: Dilma, Brasil.

Pero esa inflexión hay que advertirla, reforzarla; a veces con sacrificios.
En 1986, la popularidad favorecía al candidato del PRD gobernante. Balaguer reforzó la inflexión acudiendo a la evolución de los calificativos de la prensa francesa sobre Napoleón tras su recorrido desde Isla de Elba (“el fugado”) hacia París (“el emperador”) en apenas cien días.

Durante la Segunda Guerra Mundial Japón dominaba el pacífico doblegando a EE. UU. en Pearl Harbor. Una operación, bombardear Tokio con aviones despegando de porta-aviones, marcó punto de inflexión. Su jefe, Coronel Doolittle, confió en el entusiasmo de sus pilotos como clave para el éxito de la operación. La mayoría fallecieron o fueron capturados. Pero el efecto sicológico de golpear el corazón del imperio japonés, cambió el curso de la guerra.

Lejos de imbatibilidad reeleccionista de Danilo basada en niveles preexistentes de popularidad, sustentadas en el ejercicio del poder; ésta ya comenzó su caída hacia la barrera inferior al 50%.

Solo falta que la oposición sepa precipitarla para coronar su triunfo el año próximo, manteniendo y acrecentando entusiasmos. Y sacrificios necesarios.

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