Contra narcodelincuencia: puestos de trabajo y servicios

 

El presidente Danilo Medina denunció, como si no estuviera gobernando, penetración de poderosos civiles y militares en narcodelincuencia, reflejando una visión limitada del problema. Obvia la forma más expedita para combatirla: sustituir economía especulativa y rentista que su gobierno ha seguido, por otra que genere puestos de trabajos dignos y estables, principalmente en nuestra juventud.E implantando una administración proveedora de servicios públicos satisfactorios.

De nada sirve seguir emprendiendo operativos que terminan siendo inefectivos espectáculos mediáticos; ni sancionar agentes cuando, salvo contadas excepciones libres de pecado, sus cuerpos están tan minados o contaminados que se confunden con delincuentes; ni rotar oficialidad que traslada y expande territorialmente connivencias y complicidades entre ellos y la delincuencia. Como tampoco condenas en cárceles convertidas en sofisticados centros de operaciones.

Sitúese el lector en cualquiera de nuestros barrios donde habitan pobladores, jóvenes incluidos, carentes de oportunidades ocupacionales, dignas y estables, quedando expuestos al ocio o la vagancia potencialmente viciosa. Habitan en viviendas donde predominan hacinamiento y promiscuidad, en asentamientos humanos carentes de servicios mínimos de agua, drenaje de aguas negras, calles polvorientas,electricidad y programas preventivos y profilácticos de salud. Carecen de educación inculcadora de valores y brindadora de oportunidades de capacitación o entrenamiento para desempeño laboral y/o emprendimiento de negocios.

En medio de este ambiente ¿Podrán tener la fortaleza necesaria para resistir la tentación de un ofrecimiento vislumbrante como el de las drogas?, abriendo así las puertas para su posterior incursión como traficante, aún cuando para ello tenga que recurrir a la delincuencia con miras a obtener recursos.

Imagínense también la juventud de nuestros campos igualmente carentes de oportunidades de trabajo por una agricultura tan decadente que su participación en el PBI ha caído del 15% (1991) al 5% (2018). Una decadencia que despuebla nuestros campos exponiendo nuestro territorio al abandono u ocupación depredadora por parte de la inmigración externa desregulada que nos azota. Y expulsando hacia nuestras ciudades,migrantes rurales tras el espejismo de mejores oportunidades de trabajo y servicios.

Si queremos encarar la delincuencia que mantiene en zozobra la ciudadanía, hay que sustituir la economía rentista y especulativa que el Presidente Medina ha seguido con su fiscalidad deficitaria derivada de su dispendioso gobierno, succionando recursos privados para cubrir déficits. Y dejar que estos recursos se queden circulando en la economía, produciendo y generando puestos de trabajo.

Así como también mejorar la calidad el gasto público prestando más y mejores servicios públicos.

Corregir esto, requiere un gobernante que no se limite a denunciar lo que todos sabemos; sino que actúe dentro de una visión comprehensiva de lo que tiene en sus manos resolver.

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